Con la llegada del frío, surge una pregunta recurrente en el mundo de la apicultura: ¿las abejas hibernan? Es habitual usar ese término, pero si hablamos de la abeja de la miel (Apis mellifera), la respuesta técnica es no.
Las abejas de la miel no hibernan: invernan.
Comprender esta diferencia no es una simple cuestión semántica; es fundamental para entender la asombrosa estrategia de supervivencia de la colonia durante los meses más duros y para que, como apicultores, sepamos respetar sus ritmos.
La Hibernación: Un Metabolismo en Pausa
La hibernación es un estado de letargo profundo, una suspensión casi total del metabolismo para conservar energía. Los animales que realmente hibernan (como los osos o las marmotas) bajan drásticamente su temperatura corporal, su respiración y su ritmo cardíaco, entrando en una especie de «animación suspendida».
En el mundo de las abejas, este comportamiento es más propio de algunas abejas solitarias. Estas sí pueden detener su desarrollo o permanecer inmóviles en sus nidos, esperando pasivamente la llegada de temperaturas más favorables para emerger.
La Invernación: Adaptación Activa y Cooperativa
La invernación es todo lo contrario: es una adaptación activa al frío. Las abejas de la miel, como el súperorganismo que son, no se rinden pasivamente al invierno. Cooperan para sobrevivir.
Cuando la temperatura exterior baja, forman el famoso «racimo invernal». Se agrupan en un bolo compacto, con la reina protegida en el centro, y comienzan a vibrar activamente con sus músculos torácicos (sin mover las alas). Este movimiento muscular colectivo genera calor.
Gracias a esta actividad incesante y al consumo de la miel (su combustible), la colonia puede mantener el núcleo del racimo a una temperatura sorprendentemente estable, ¡a menudo entre 20 °C y 35 °C!, incluso cuando en el exterior el termómetro está bajo cero.
Un Racimo Dinámico que se Autorregula
Este bolo invernal no es estático; es un organismo vivo que respira y se ajusta constantemente a las condiciones:
- Si el frío arrecia: El racimo se contrae, haciéndose más denso para conservar mejor el calor.
- Si el tiempo mejora: En un día de invierno soleado, el racimo puede deshacerse temporalmente. Las abejas pueden moverse, reubicarse sobre los cuadros de miel o incluso realizar breves vuelos de limpieza (pecoreo). Es habitual verlas agrupadas por la mañana y más dispersas por la tarde si el clima se suaviza.
Es importante notar que en zonas templadas o cálidas (como muchas partes de España o Chile), las abejas de la miel quizás no lleguen a invernar de forma estricta. Si hay floraciones y reservas suficientes, pueden mantener una actividad reducida y seguir criando durante todo el año.
El Peligro del Frío Extremo: El Letargo Temporal
Entonces, ¿una abeja de la miel nunca «hiberna»? Individualmente, puede hacerlo, pero es una situación de vida o muerte.
Si las temperaturas interiores de la colmena (lejos del núcleo caliente del racimo) descienden por debajo de los 6 °C, una abeja que quede aislada no tendrá fuerza para vibrar y volver al grupo. Entrará en un letargo metabólico temporal, una «hibernación» forzada por el frío.
De este estado solo podrá recuperarse si la temperatura vuelve a subir gracias al calor de sus hermanas o del ambiente. Si este letargo se prolonga muchas horas, la abeja morirá. Si todo el racimo pierde su capacidad de generar calor (por ejemplo, por falta de abejas o de alimento), la colonia entera colapsará.
La Colmena No Duerme: Coopera
La lección fundamental es esta: la colmena no duerme en invierno, sobrevive cooperando.
Esa capacidad de mantener un equilibrio térmico interno, conocida como homeostasis colectiva, es lo que define el vigor y la resiliencia de la colonia.
Como apicultores, comprender esta dinámica es vital. Nos enseña a respetar los ritmos naturales de la colmena durante el invierno. Nuestro papel es ser facilitadores, asegurando tres cosas clave:
- Menos aperturas: Evitar abrir la colmena innecesariamente, pues cada apertura rompe el racimo y provoca una pérdida masiva de calor que les costará horas (y mucha miel) recuperar.
- Buena ventilación: Asegurar que tengan ventilación adecuada para evitar la humedad, pero sin corrientes de aire que «roben» su calor.
- Alimento suficiente: Y, sobre todo, garantizar que dispongan de reservas de miel suficientes. La miel es el combustible que necesitan para vibrar y generar ese calor vital que les permite llegar vivas a la primavera.
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Autor
Manzano, Jesús. Experto en «Ciencia detrás del comportamiento de las abejas». (2013) Autor del Manual de Apicultura en Sistemas de Producción Ecológica (5a. ed.). España, Guadalajara. Profesor de apicultura de CampusApicultura.com. Perito judicial en apicultura en peritoapicultura.com – Socio fundador de Ecocolmena.org.









