La alimentación de las abejas Apis mellifera.

Tabla de contenidos

La alimentación de las abejas se resolvió hace cien millones de años y no la inventamos nosotros. Lo que sí hemos hecho es romperla: una colonia necesita entre quince y veinticinco kilos de polen al año, y cada abeja que nace se ha comido unos ciento sesenta miligramos.

Cuando el paisaje no da esa cifra, el apicultor abre el alimentador. Este artículo explica qué comen realmente las abejas, cuánto necesitan, cuándo tiene sentido alimentar y por qué el jarabe es un parche y no una solución.

En tres líneas, por si tienes prisa

El néctar es energía y el polen es todo lo demás: proteína, lípidos, minerales y unos esteroles que la abeja no sabe fabricar. Ningún sustituto los reemplaza por completo, y por eso una torta proteica mantiene una colonia pero no la construye.

Alimentar con jarabe es legítimo en una emergencia y desastroso como norma. Y hay dos errores que cuestan colonias: calentar el jarabe de más, que genera HMF, y estimular a destiempo.

Abejas alimentándose sobre panal de miel, la fuente de energía de la colonia durante todo el año
La miel es la despensa energética de la colonia. Lo que el apicultor retira de más, tendrá que reponerlo después en forma de jarabe.

La alimentación de las abejas: la dieta completa

La alimentación de las abejas es el resultado de una coevolución de cien millones de años con las plantas con flor. No es una dieta que se pueda descomponer en piezas intercambiables: cada componente cumple una función que ningún otro cubre.

Néctar y miel: la energía

El néctar es la fuente de carbohidratos, y la miel es ese néctar deshidratado y transformado por sucesivas regurgitaciones y por las enzimas que aportan las abejas. Su composición cambia con la planta, la estación y el suelo.

Ningún jarabe reproduce esa variabilidad. Aporta azúcar y punto: sin enzimas, sin compuestos minoritarios y sin la diversidad química que acompaña a un néctar real. Si te interesa el detalle de esa transformación, lo contamos en cómo hacen la miel las abejas.

Polen: proteína, aminoácidos y algo que no se puede sustituir

Polen multifloral de distintos colores recolectado por abejas, la fuente de proteína y esteroles de la colonia
Cada color es una especie vegetal distinta. La diversidad no es un lujo estético: cada polen aporta un perfil de aminoácidos y esteroles diferente.

Aquí está todo lo que no es energía. El polen aporta la proteína, los lípidos, los minerales, las vitaminas y unos compuestos que resultan ser el talón de Aquiles de cualquier sustituto artificial.

La abeja necesita diez aminoácidos esenciales, que no puede sintetizar y tiene que obtener de la dieta. Los estableció de Groot en 1953 y siguen siendo la referencia: arginina, histidina, isoleucina, leucina, lisina, metionina, fenilalanina, treonina, triptófano y valina. La leucina es la que se requiere en mayor proporción, alrededor del 16 % del total de esenciales.

NutrienteNivel de referencia en la dietaQué pasa si falta o sobra
Aminoácidos esencialesDiez, todos necesarios. Leucina ≈ 16 % del total de esenciales; isoleucina ≈ 4 %El más escaso limita el conjunto, por mucha proteína total que haya
Lípidos5 – 8 %Por debajo, se resiente el desarrollo de la cría
Minerales (cenizas)0,5 – 1 % óptimoPor encima del 2 % se inhibe la producción de cría
EsterolesLa abeja no los sintetiza. El clave es el 24-metilencolesterolSin ellos no hay hormonas de muda ni membranas celulares
Referencias nutricionales recopiladas en la revisión de Zachary Huang sobre nutrición de la abeja melífera. El dato de los minerales es el más útil en la práctica: más no es mejor.

Ese último punto merece detenerse, porque explica por qué ningún sustituto funciona del todo. Las abejas son auxótrofas para los esteroles: como todos los insectos, no saben fabricarlos y dependen por completo de lo que comen. Y entre todos ellos hay uno crítico, el 24-metilencolesterol, que es a la vez precursor de las hormonas de la muda y componente estructural de las membranas.

Los números de un ensayo con dieta sintética son elocuentes. Suplementando con un 0,5 a un 1 % de 24-metilencolesterol, la supervivencia a las tres semanas pasó del 10,6-11,7 % del control al 30,7-38,3 %. La proteína de la cabeza —la que sostiene las glándulas hipofaríngeas— subió de 267-276 µg por abeja a 359-539 µg, y los lípidos abdominales casi se duplicaron.

Y hay un detalle que da idea de lo central que es: la proteína mayoritaria de la jalea real, la MRJP1, se organiza en una estructura capaz de alojar ocho moléculas de 24-metilencolesterol. La colonia no solo lo necesita: lo transporta y lo empaqueta para dárselo a sus larvas.

Agua, propóleo y micelios: los olvidados

El agua no es un complemento: es imprescindible para diluir la miel, alimentar a la cría y refrigerar el nido en verano. Sin una fuente limpia y cercana, la colonia gasta energía y expone a las pecoreadoras. Lo tratamos aparte en el agua para las abejas y las colmenas.

El propóleo cumple una función sanitaria en el nido, sellando y desinfectando. Y hay una línea de investigación sobre el consumo de micelios de hongos y su relación con la respuesta inmunitaria frente a virus, que es de las cosas más interesantes que han aparecido en la última década.

La microbiota: la diversidad floral construye defensas desde dentro

Floración variada y abundante en un prado, base de la alimentación y de la microbiota intestinal de las abejas
Un paisaje con floración escalonada y diversa es el mejor alimentador que existe, y el único que construye microbiota.

El intestino de la abeja alberga un consorcio bacteriano muy conservado, con cinco linajes principales: Gilliamella, Snodgrassella, Lactobacillus, Bombilactobacillus y Bifidobacterium. Esa comunidad participa en la digestión, en la respuesta inmunitaria y en la resistencia frente a patógenos.

Y depende de una dieta polínica diversa. Es el argumento definitivo contra el monocultivo y contra la idea de que una colonia se sostiene con azúcar: puedes mantenerla viva, pero estás desmontando su sistema de defensa desde dentro. Hay más sobre esto en los microbios en las flores.


Cuánto necesita una colonia

Estas son las cifras que convierten la nutrición en una decisión de manejo. Conviene decir de entrada que, a nivel de colonia, los datos de consumo son escasos y en buena parte estimativos: así lo reconoce la revisión más reciente sobre requerimientos alimentarios de la abeja. Aun así, los órdenes de magnitud están claros.

ConceptoCantidadFuente
Polen que consume una colonia al año15 – 25 kg (rangos publicados de 10 a 55)Rortais 2005 · Crailsheim · Wille
Polen para criar una sola abeja≈ 164 mg (125 mg de desarrollo + 39 mg de reservas)Keller et al. 2005
Polen por larva, vía nodriza125 – 187,5 mg, equivalentes a 25 – 37,5 mg de proteínaHuang, revisión
Polen que come una nodriza≈ 65 mg de media; 3,4 – 4,3 mg al díaRortais 2005 · Crailsheim
Néctar de una pecoreadora al díaMediana de 292 mgRevisión Apidologie 2019
Néctar de una colonia al añoDel orden de 300 kgHuang, revisión
Consumo de una colonia. La cifra de 164 mg de polen por abeja criada es la más útil para dimensionar: multiplícala por las abejas que quieres que nazcan y tendrás el polen que hace falta en el campo.

Hagamos la cuenta con la última cifra, porque es la que cambia la forma de mirar un colmenar. Una colonia que críe cien mil abejas en una temporada necesita unos dieciséis kilos de polen solo para eso. Ese polen tiene que estar en un radio de vuelo razonable, escalonado a lo largo de meses y procedente de varias especies.

Cuando el paisaje no lo da, no hay alimentador que lo arregle. Se puede sostener la colonia, no hacerla crecer sana.

Cómo saber si a tu colmenar le falta polen

No hace falta pesar nada. La colonia lo dice, y aprender a leerlo es lo que separa una alimentación con criterio de una alimentación por calendario.

  • Mira la corona de pan de abeja. En un cuadro de cría sano, el polen almacenado forma un arco entre la cría y la miel. Si ese arco ha desaparecido, la colonia está consumiendo al día lo que entra al día.
  • Observa el patrón de puesta. Una cría salteada, con celdillas vacías repartidas, puede ser sanidad o puede ser carencia. Si la reina pone y las larvas desaparecen a los pocos días, sospecha de canibalización por falta de proteína.
  • Cuenta la entrada de polen en la piquera. Diez minutos de observación a media mañana dicen más que una revisión completa. Si apenas entran cargas de colores, en el campo no hay.
  • Fíjate en el tamaño de las abejas jóvenes. Una cohorte criada con déficit de proteína emerge más pequeña y con menos vello.

Y una advertencia que ahorra disgustos: la falta de polen se parece mucho a varias enfermedades de la cría. Antes de decidir que es hambre, descarta lo demás.

La alimentación de las abejas en su fase más crítica: la cría

Abeja nodriza alimentando larvas con jalea real y pan de abeja en las celdillas del panal
Las nodrizas transforman polen en jalea real con sus glándulas hipofaríngeas. Si el polen falta, esas glándulas no se desarrollan y el efecto se arrastra durante generaciones.

Lo que una abeja come en sus primeros días determina lo que podrá hacer el resto de su vida. Es la fase donde la nutrición deja de ser un asunto de kilos y se convierte en fisiología.

Jalea real para todas, al principio

Todas las larvas, sin excepción, reciben jalea real sin límite durante los primeros días. Después llega la diferenciación: la futura reina sigue con jalea real y las obreras pasan a una mezcla de polen, miel y secreciones. Las nodrizas realizan del orden de mil doscientas visitas diarias a las celdillas de cría.

Racionamiento por escasez: el daño que se hereda

Cuando el polen escasea, la colonia reduce la cría. Es una respuesta inteligente, pero tiene un coste que no se ve en la revisión de esa semana: las nodrizas malnutridas desarrollan peor sus glándulas hipofaríngeas, producen jalea real de menor calidad y las abejas que crían viven menos.

El efecto se arrastra a la generación siguiente. Una colonia que pasó hambre en primavera no se recupera del todo en verano aunque el campo mejore: arrastra una cohorte de abejas peor construidas.

La abeja de invierno se fabrica en otoño

Tras emerger, la abeja sigue consumiendo polen durante unos quince a veinte días. Ese polen se convierte en cuerpo graso y en vitelogenina, una glicolipoproteína que funciona como reserva de proteína, como antioxidante y como reguladora de la longevidad.

De ahí sale la abeja de invierno, que vive meses en lugar de semanas. Y de ahí una regla de manejo que conviene tener grabada: la calidad de la invernada se decide con el polen de otoño, no con el jarabe de noviembre. Cuando el apicultor mira la colmena en enero, la decisión importante ya se tomó tres meses antes.

Y hay un agravante: la varroa se alimenta del cuerpo graso, precisamente el tejido donde se acumula la vitelogenina. Lo explicamos en varroa y tejido graso. Nutrición y sanidad no son dos capítulos separados: son el mismo.

Por qué las abejas pasan hambre hoy

La desnutrición de las colonias no es un problema de manejo individual: es un problema de paisaje. Y es reciente.

Una relación de diez mil años que se rompió hace setenta

Pintura rupestre de la Cueva de la Araña de Bicorp, en Valencia, con la figura recolectando miel de un panal silvestre
La Cueva de la Araña, en Bicorp (Valencia): la representación más conocida de recolección de miel. Aquello era recolección, no apicultura.

Las pinturas de la Cueva de la Araña, en Bicorp, documentan que hace milenios ya trepábamos a por panales silvestres. Y en Tel Rehov, en el actual Israel, se excavó el colmenar más antiguo conocido: unos treinta cilindros de arcilla de hace tres mil años, con abejas que el análisis morfométrico sitúa como importadas de Anatolia. Ya había comercio de razas.

Durante todo ese tiempo, la relación fue razonablemente equilibrada: el paisaje agrícola era diverso y las colonias comían de él. Lo que rompió el equilibrio no fue la apicultura, fue la agricultura industrial de las últimas décadas.

Las ocho causas de la desnutrición actual

  1. Deforestación y pérdida de flora melífera. Menos superficie y menos especies.
  2. Monocultivos. Una floración masiva y breve, seguida de meses de desierto nutricional.
  3. Fitosanitarios. Intoxicación directa y efectos subletales sobre la orientación y la inmunidad. Sobre los neonicotinoides hay literatura abundante.
  4. Desfases fenológicos por el cambio climático. La floración se adelanta o se retrasa y deja de coincidir con el ciclo de la colonia. Lo tratamos en desfases florales.
  5. Esquilmación de las reservas. Cosechar de más y devolver azúcar.
  6. Mala gestión del colmenar. Densidad excesiva, revisiones a destiempo, alimentación mal planificada.
  7. Enfermedades y parasitosis. Empezando por la varroa, que multiplica el efecto de cualquier carencia.
  8. Depredadores y competencia por unos recursos ya escasos.

El círculo vicioso del monocultivo

La apicultura de servicio de polinización a gran escala somete a las colonias a algo para lo que no hay precedente evolutivo: dieta monótona durante semanas, transporte, densidad extrema y exposición química. Después se las alimenta artificialmente para compensar, lo que permite sostener el modelo un año más.

Es una simbiosis torcida: la abeja mantiene el rendimiento del cultivo y el cultivo la deja desnutrida.


Alimentación artificial: último recurso, no solución

Dicho todo lo anterior, hay situaciones en las que intervenir en la alimentación de las abejas es lo correcto: una sequía, un enjambre recién instalado, una colonia que no llega al invierno, una emergencia climática. Lo que no es aceptable es convertirlo en la norma de manejo para tapar un entorno degradado.

Si se hace, conviene hacerlo bien. Aquí están los números.

Jarabe: qué proporción y para qué

Alimentador con jarabe y torta sólida de apoyo colocados sobre los cuadros de una colmena
El jarabe ligero estimula la puesta; el denso llena reservas. Confundirlos es uno de los errores de manejo más comunes.
TipoProporciónPara qué sirveCuándo
Jarabe ligero1:1 en peso (azúcar:agua)Imita la entrada de néctar y estimula la puestaArranque de temporada y enjambres recién instalados
Jarabe denso2:1 en pesoSe almacena y opercula. Llena reservasPreparación de la invernada, con margen para que lo maduren
Candy o fondantSólidoAporte de urgencia sin estimular puestaPleno invierno, colonia en racimo
Torta proteicaPolen y jarabe, o sustitutoSostener cría cuando no entra polenSolo si falta polen, no como rutina
Las proporciones se expresan en peso. Recuerda que en el hemisferio sur el calendario está invertido: la preparación de la invernada cae en marzo y abril, no en septiembre.

El error de fondo que describe el título de este apartado es el de estimular a destiempo. Un jarabe ligero en una falsa primavera provoca puesta que una ola de frío se lleva por delante, y deja a la colonia con más bocas que abejas para calentarlas. Alimentar demasiado tarde, en cambio, no da tiempo a que la colonia madure y opercule el jarabe.

El HMF: el error invisible que mata colonias

Este es el apartado que más apicultores desconocen y el que más fácil es evitar. El hidroximetilfurfural se forma cuando los azúcares se degradan por calor o por acidez, y es tóxico para las abejas.

Su formación depende de la temperatura de una manera brutal. La reacción se acelera unas cinco veces por cada 10 °C que sube el termómetro:

TemperaturaTiempo para llegar a 30 mg/kg de HMF
30 °CUnos 250 días
50 °CUnos 10 días
70 °CUnas 10 horas
Cinética de formación del HMF en jarabes azucarados. De ahí la regla práctica: agua templada, nunca hirviendo, y jarabe recién hecho.

En cuanto a toxicidad, los ensayos sitúan la dosis letal media de las abejas adultas en 4.280 ppm a los siete días y en 2.424 ppm a los veintidós. Es decir: cuanto más se prolonga la exposición, menos concentración hace falta para matar.

En larvas, concentraciones de hasta 750 ppm no aumentaron la mortalidad. Los efectos descritos en adultas son ulceración del tubo digestivo, cuadros parecidos a la disentería y apoptosis en las células del intestino medio.

Cuatro reglas para que el jarabe no se vuelva veneno.

  • Agua templada, nunca hirviendo. El azúcar se disuelve igual y no generas HMF.
  • No inviertas el jarabe con ácido. Es la receta más eficaz para fabricar HMF en casa.
  • Prepáralo y dalo. No lo almacenes semanas, y menos al sol o en una nave caliente.
  • Cuidado con los jarabes de fructosa comerciales. Por su acidez y su alto contenido en fructosa pueden partir ya de 30 a 100 mg/kg antes de cualquier almacenamiento.

Azúcares que nunca debes dar

No todos los azúcares son alimento. Varios son indigeribles para la abeja y algunos son directamente tóxicos.

AzúcarEfecto en la abeja
ManosaEl más peligroso: parálisis y muerte rápida, por competencia enzimática con la fosfoglucoisomerasa
GalactosaMortalidad acelerada frente a otros azúcares
ArabinosaEstructura similar a manosa y galactosa. Acelera la muerte
Lactosa, rafinosa, estaquiosaTóxicas en administración prolongada
Melibiosa y xilosaTolerables solo muy diluidas en sacarosa
Sacarosa, glucosa, fructosaSeguras. Son la base de cualquier jarabe correcto
Azúcares tóxicos e indigeribles para Apis mellifera. La dilución en sacarosa reduce la toxicidad de los tolerables, pero no convierte en alimento a los que no lo son.

Este dato explica de paso por qué la harina de soja cruda es mal sustituto: alrededor del 40 % de los azúcares de la soja resultan tóxicos para las abejas. No es una cuestión de proteína, es de qué acompaña a esa proteína.

Tortas proteicas: qué pueden y qué no

Torta proteica de apoyo colocada sobre los cuadros de una colmena para sostener la cría
Una torta con polen real es un sostén razonable. Un sustituto sin esteroles mantiene la colonia, pero no construye abejas de la misma calidad.

La mejor torta es la que lleva polen real, en mezcla con jarabe. Las alternativas —levadura de cerveza, harinas de leguminosas, preparados comerciales— cubren parte de las necesidades proteicas pero no todas.

La literatura comparativa es matizada y conviene contarla como es: las abejas crecen algo mejor con polen natural, aunque la proteína de las dietas artificiales puede aprovecharse con eficiencia. Lo que ningún sustituto reproduce bien es el perfil de esteroles del que hablábamos al principio, y ahí está el techo.

La formulación honesta es esta: un sustituto mantiene una colonia, el polen la construye. Sirve para cruzar un bache; no para sostener un modelo productivo.

Lo que nunca se hace

  • Alimentar con miel de origen desconocido. Es la vía clásica de entrada de la loque americana. Las esporas de Paenibacillus larvae permanecen viables setenta años o más en la miel y en el material apícola. Ninguna miel comprada entra en un colmenar.
  • Alimentar con las alzas puestas. El jarabe acaba en los panales de cosecha y eso es adulterar la miel. No es una cuestión de ética abstracta: la miel se define legalmente como producto del néctar, sin ningún ingrediente añadido.
  • Esquilmar y compensar. Dejar a la colonia sin reservas para devolverle azúcar es un mal negocio incluso desde el interés propio: obtienes abejas peor nutridas y más dependientes.
  • Alimentar en abierto cerca del colmenar. Provoca pillaje y transmite enfermedades entre colonias.

Qué permite la normativa ecológica

Si produces en ecológico bajo el Reglamento (UE) 2018/848, las reglas de alimentación son bastante más estrictas de lo que mucha gente cree, y merece la pena conocerlas aunque no estés certificado: son un buen criterio de manejo en sí mismas.

  • Solo se puede alimentar con productos ecológicos: miel ecológica, jarabe de azúcar ecológico, azúcar ecológico o polen ecológico.
  • Los sustitutos de polen están prohibidos.
  • Solo cuando la supervivencia de la colonia esté en peligro por condiciones climáticas u otras causas, como un desastre natural. No se contempla la alimentación preventiva ni de rutina.
  • Hay que registrarlo: tipo de producto empleado, fecha, cantidades y colmenas afectadas.

Fíjate en el criterio de fondo, que es exactamente el de este artículo: la alimentación es una excepción justificada, no una herramienta de producción. Si necesitas alimentar todos los años por sistema, el problema no está en el alimentador.


La respuesta de fondo está en el paisaje

Todo lo anterior son parches, y los parches tienen su lugar. Pero la desnutrición de las abejas se resuelve donde se originó: en el entorno. Estas son cuatro vías que funcionan.

Islas de polinización en apiarios autosustentables

La idea es sencilla: regenerar flora melífera alrededor del colmenar con especies del territorio, adaptadas al clima y escalonadas en floración, gestionando el agua de lluvia y con energía solar donde haga falta. El resultado es doble: reduces la distancia de vuelo de las pecoreadoras y aumentas la diversidad polínica, que es la que construye microbiota.

Contamos el proceso completo en cómo nace una isla de polinización, y hay una lista de especies en plantas y hierbas aromáticas para el apiario.

Apicultura urbana: una oportunidad inesperada

Resulta contraintuitivo, pero muchas ciudades ofrecen hoy más diversidad floral y menos exposición a fitosanitarios que los campos agrícolas que las rodean. Parques, jardines privados y arbolado urbano dan una floración escalonada que un monocultivo no puede igualar.

Con una condición: densidad regulada. Meter colmenas sin criterio en una ciudad compite con los polinizadores silvestres, que suelen ser los que peor lo están pasando.

La alianza con quien trabaja la tierra

Coordinar los calendarios de tratamiento, dejar márgenes con prado melífero y plantar corredores florales entre cultivos reduce la mortalidad de las colonias y, en varios estudios, aumenta el rendimiento del propio cultivo. Es de las pocas medidas en las que las dos partes ganan a la vez, y lo desarrollamos en líneas de flores silvestres entre cultivos.

La formación del apicultor

Suena a lugar común y no lo es: una gestión inadecuada hace más daño a un colmenar que la varroa. El apicultor tiene que aprender a leer una colonia como un agrónomo lee un suelo, entendiendo que la nutrición, la sanidad, el paisaje y el calendario son un mismo sistema y no cuatro asignaturas separadas.

Preguntas frecuentes sobre la alimentación de las abejas

¿Cuándo hay que alimentar a las abejas?

Solo cuando la colonia no puede cubrir sus necesidades por sí misma: sequía prolongada, un enjambre recién instalado sin reservas, una colonia que no llega al invierno o una emergencia climática. La alimentación de rutina para compensar un entorno degradado no resuelve el problema, lo perpetúa. En producción ecológica bajo el Reglamento europeo 2018/848 solo está permitida cuando la supervivencia de la colonia está en peligro, y hay que registrar el producto, la fecha, las cantidades y las colmenas afectadas.

¿Qué proporción de azúcar y agua lleva el jarabe para abejas?

Dos proporciones básicas, expresadas en peso. El jarabe ligero, uno de azúcar por uno de agua, imita la entrada de néctar y estimula la puesta: se usa al arrancar la temporada y con enjambres recién instalados. El jarabe denso, dos de azúcar por uno de agua, se almacena y opercula, y sirve para completar reservas de cara a la invernada. En pleno invierno, con la colonia en racimo, se recurre a alimento sólido tipo candy o fondant, que aporta energía sin estimular la puesta.

¿Por qué no se debe calentar mucho el jarabe?

Porque se forma hidroximetilfurfural, un compuesto tóxico para las abejas que aparece cuando los azúcares se degradan por calor o acidez. La velocidad de formación se multiplica por cinco por cada diez grados de más: a 30 °C hacen falta unos 250 días para alcanzar 30 miligramos por kilo, a 50 °C bastan diez días y a 70 °C, unas diez horas. Los efectos descritos incluyen ulceración del tubo digestivo y muerte celular en el intestino medio. La regla práctica es agua templada, nunca hirviendo, sin invertir con ácido y dando el jarabe recién preparado.

¿Se puede alimentar a las abejas con miel?

Con miel de la propia explotación y de colonias sanas, sí; es de hecho el mejor alimento posible. Con miel comprada o de origen desconocido, nunca. Es la vía clásica de entrada de la loque americana, y las esporas de Paenibacillus larvae permanecen viables setenta años o más tanto en la miel como en el material apícola. El riesgo es desproporcionado frente al beneficio, porque un jarabe de azúcar correctamente preparado cumple la misma función energética sin introducir un patógeno en el colmenar.

¿Cuánto polen necesita una colmena al año?

Entre quince y veinticinco kilos, según las estimaciones más realistas, aunque los rangos publicados van de diez a cincuenta y cinco. La cifra más útil para dimensionar es otra: hacen falta unos ciento sesenta y cuatro miligramos de polen para criar una sola abeja, ciento veinticinco para su desarrollo y treinta y nueve para las reservas que acumulará. Multiplicando por las abejas que quieres que nazcan en la temporada sale el polen que tiene que estar en el campo, escalonado y de varias especies.

¿Los sustitutos de polen funcionan igual que el polen natural?

No del todo. Las abejas crecen algo mejor con polen natural, aunque la proteína de las dietas artificiales puede aprovecharse con eficiencia. El límite está en los esteroles: la abeja no puede sintetizarlos y depende por completo de la dieta, y el 24-metilencolesterol es determinante para el crecimiento de la colonia y la longevidad de las obreras. En ensayos con dieta sintética, suplementar con un 0,5 por ciento de ese esterol elevó la supervivencia a tres semanas del once por ciento a más del treinta. Un sustituto mantiene una colonia; el polen la construye.

¿Qué azúcares son tóxicos para las abejas?

La manosa es el más peligroso: provoca parálisis y muerte rápida por competencia enzimática. También resultan nocivas la galactosa y la arabinosa, y en administración prolongada la lactosa, la rafinosa y la estaquiosa. La melibiosa y la xilosa se toleran solo muy diluidas en sacarosa. Los azúcares seguros son la sacarosa, la glucosa y la fructosa, que son la base de cualquier jarabe correcto. Este dato explica por qué la harina de soja cruda es mal sustituto proteico: alrededor del cuarenta por ciento de sus azúcares resultan tóxicos para las abejas.

¿Se puede alimentar con las alzas puestas?

No. El jarabe acaba almacenado en los panales de cosecha y eso adultera la miel, que legalmente se define como el producto elaborado por las abejas a partir del néctar sin ningún ingrediente añadido. Además de la cuestión legal, hay una práctica: una miel con jarabe pierde el perfil enzimático y la firma de origen botánico que justifican su precio. Si una colonia necesita alimento durante la mielada, lo que procede es retirar las alzas antes de empezar a alimentar.

¿Cuándo se prepara la abeja de invierno?

En otoño, y con polen, no con jarabe. Tras emerger, la abeja sigue consumiendo polen durante unos quince a veinte días, y ese polen se convierte en cuerpo graso y en vitelogenina, la proteína de reserva que le permite vivir meses en lugar de semanas. La calidad de la invernada se decide por tanto con la disponibilidad de polen de otoño. Conviene tenerlo presente porque la varroa se alimenta precisamente del cuerpo graso, de modo que una colonia mal nutrida y parasitada acumula dos problemas que se multiplican entre sí.

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Sigue leyendo

Fuentes consultadas

  • de Groot AP. Protein and amino acid requirements of the honeybee (Apis mellifica L.). Physiologia Comparata et Oecologia, 1953. Referencia en PubMed
  • Huang Z. Honey Bee Nutrition. Michigan State University. Documento completo
  • Chakrabarti P et al. Evaluating Effects of a Critical Micronutrient (24-Methylenecholesterol) on Honey Bee Physiology. Annals of the Entomological Society of America, 2020; 113(3):176-185. Texto completo
  • Rortais A et al. (2005) · Crailsheim K et al. · Keller I et al. (2005), recopilados en How much pollen does a colony need, proyecto INSIGNIA-EU.
  • Barascou L et al. Dietary requirements of individual nectar foragers, and colony-level pollen and nectar consumption. Apidologie, 2019; 50:762-778. Texto completo
  • Barnett EA et al. Hydroxymethylfurfural: a possible emergent cause of honey bee mortality? Journal of Agricultural and Food Chemistry, 2013. PMID 24127696
  • EFSA. Evaluation of the risks for animal health related to the presence of hydroxymethylfurfural (HMF) in feed for honey bees. EFSA Journal, 2022. Dictamen
  • Barker RJ. Sugars poisonous to bees. Bee World, 1978; 59(1):37-38. Documento (Eva Crane Trust)
  • Penn State Extension. Honey Bee Diseases: American Foulbrood. Ficha técnica
  • Normativa: Reglamento (UE) 2018/848 de producción ecológica · Directiva 2001/110/CE relativa a la miel · Real Decreto 1049/2003.

Este artículo tiene finalidad divulgativa. Las cifras de consumo de una colonia son estimaciones publicadas y varían con la subespecie, el clima y la fuerza de la colonia. El calendario de manejo está descrito para el hemisferio norte: en el hemisferio sur, desplázalo seis meses. Última revisión: septiembre de 2026.

Firma Articulo tecnico de Ecocolmena

Autora

Castillo Arias, Marianela. Activista y divulgadora. Creadora de contenidos. Profesora de apicultura y formadora de formadores – Socia de Ecocolmena

4 respuestas

  1. Tengo una pregunta al alimentar una colmena ,digamos con azúcar invertido , estamos desmejorando la calidad de la miel que después vamos a recolectar? O alimentarlas en época de baja floración es simplemente para después sacarles más cantidad de miel ?

  2. Tengo una pregunta al alimentar una colmena ,digamos con azúcar invertido , estamos desmejorando la calidad de la miel que después vamos a recolectar? O alimentarlas en época de baja floración es simplemente para después sacarles más cantidad de miel ?

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