La apicultura vive una tensión constante entre dos visiones: la que acompasa su paso al ritmo de la naturaleza y la que busca optimizar cada proceso como si las colmenas fueran una línea de producción.
La gran contradicción: Frenar lo natural, forzar lo artificial
Cuando empecé a aprender apicultura descubrí algo que me dejó helado: en buena parte de la apicultura moderna se impide a las abejas reproducirse cuando ellas quieren —a través de su método natural, la enjambrazón— y, a cambio, se las obliga a reproducirse a la fuerza cuando no quieren, mediante particiones o divisiones artificiales.
Es decir, frenamos la reproducción natural y forzamos la artificial. Una gran contradicción.
Hace poco volví a ver otro de esos artilugios diseñados para “evitar la enjambrazón” de forma generalizada. Y me hizo pensar. Cuando proliferan herramientas, cajas y mecanismos para impedir que una colmena se reproduzca como lo ha hecho durante millones de años, quizá sea señal de que estamos presionando demasiado a la naturaleza para ajustarla a nuestros intereses.
La enjambrazón no es un fallo, es una oportunidad
La enjambrazón no es un fallo del que huir; es el sistema natural más eficiente que tiene la colonia para multiplicarse, renovarse y fortalecerse. Acompañar ese proceso requiere observación, presencia y aceptar que la naturaleza marca el compás.
Pero claro… es difícil mantener ese respeto cuando gestionas miles de colmenas y necesitas estandarizarlo todo para que cuadre en tu agenda y en tu Excel.
Mi método: Reproducir el apiario, no bloquear la colmena
Yo he elegido otro camino. No bloqueo la enjambrazón: reproduzco el apiario. Sí, así como suena. Hemos dado un paso más en la comprensión de la apicultura: si la colmena es un superorganismo, entonces el apiario completo también puede funcionar como un superorganismo superior, donde cada colonia aporta y recibe lo que necesita para su bienestar colectivo.
En este modelo, el apiario se convierte en un ecosistema autosuficiente en el que encontramos todas las soluciones que una colmena pueda requerir: reservas de alimento, cría disponible, colonias fuertes que donan recursos, poblaciones activas para reforzar a otras y, cuando hace falta, “medicina biológica” en forma de genética resiliente.
Los desafíos de una colmena no se resuelven solo con químicos o con la intervención agresiva del apicultor, sino utilizando los recursos naturales que ofrecen otras colmenas del propio apiario.
¿Cómo reproduzco el apiario? Incentivo que nuestras mejores colmenas —las que muestran alta sensibilidad higiénica— entren en disposición de enjambrar, aportándoles cría de otras colmenas. Luego acompaño el proceso revisando cada 7 días.
De esa enjambrazón natural obtengo varias docenas de buenas reinas, que después utilizaré para poblar núcleos formados a partir de colmenas con menor sensibilidad higiénica. Así, las propias abejas lideran la mejora genética, no mi calendario.
Prefiero cuidar solo el número de colmenas que realmente puedo atender con dedicación. No utilizo dispositivos para bloquear la enjambrazón. Prefiero comprenderla, anticiparla y trabajar con la biología de la abeja, no contra ella.
¿Domesticar la naturaleza o convivir con ella?
No critico a quien opta por la producción a gran escala, pero sí creo que es urgente preguntarnos hacia dónde queremos llevar la apicultura.
¿Vamos a seguir intentando domesticar la naturaleza para que se adapte a nuestro modelo… o vamos a ajustar nuestro manejo para convivir con ella?
Creo profundamente en una apicultura más consciente, sensible y alineada con los ciclos naturales. Esa es la filosofía que practico y comparto.
Dos caminos para recuperar la resiliencia natural de la abeja
La pérdida de vigor del sistema inmune de las abejas en la apicultura comercial y la falta de sensibilidad higiénica necesaria para que puedan defenderse por sí mismas frente a la Varroa no se resuelven con más medicamentos ni con manejos que sigan debilitando su capacidad natural de supervivencia. En realidad, solo existen dos caminos coherentes para revertir esta situación: por un lado, permitir la enjambrazón natural, generando enjambres libres y silvestres que deberán enfrentarse a la selección natural y desarrollar resiliencia sin nuestra intervención; y por otro, la selección genética responsable, practicada por apicultores conservacionistas que prioricen la resiliencia, el comportamiento higiénico y la adaptación local por encima del rendimiento industrial. Ambos enfoques tienen un punto en común: devolver a la abeja el protagonismo de su propia evolución.


Autor
Manzano, Jesús. Experto en «Ciencia detrás del comportamiento de las abejas». (2013) Autor del Manual de Apicultura en Sistemas de Producción Ecológica (5a. ed.). España, Guadalajara. Profesor de apicultura de CampusApicultura.com. Perito judicial en apicultura en peritoapicultura.com – Socio fundador de Ecocolmena.org.









