La diversidad de abejas y el valor de sus servicios ecosistémicos frente a la expansión global de Apis mellifera
No todas las abejas hacen miel, todas hacen vida
En la actualidad, el discurso sobre la importancia de las abejas en la sostenibilidad ambiental y la producción agrícola se ha centrado de manera casi exclusiva en la abeja de la miel (Apis mellifera). Esta especie, originaria de Eurasia y el norte de África, ha sido difundida de forma masiva por la actividad humana y está presente hoy en prácticamente todos los continentes, convirtiéndose en el símbolo por excelencia de la polinización. Sin embargo, esta narrativa simplificada ha contribuido a invisibilizar la enorme diversidad de especies de abejas silvestres y sin aguijón —muchas de ellas endémicas— que desempeñan funciones ecológicas esenciales y que no pueden ser sustituidas por Apis mellifera.
El valor de la diversidad funcional en la polinización
Se estima que existen más de 20.000 especies de abejas en el mundo, de las cuales unas 550 pertenecen a la tribu Meliponini (abejas sin aguijón), principalmente en regiones tropicales y subtropicales. Cada una de estas especies ha coevolucionado con la flora local, desarrollando adaptaciones morfológicas, comportamentales y fenológicas que optimizan la polinización de determinadas plantas. Esta especialización explica por qué muchas especies vegetales dependen exclusivamente de ciertos polinizadores para completar su ciclo reproductivo.
La diversidad funcional de las abejas silvestres no solo amplía el espectro de especies vegetales que pueden ser polinizadas, sino que también mejora la resiliencia de los ecosistemas. Al actuar de manera complementaria, estas especies garantizan la estabilidad de la producción de frutos y semillas incluso bajo condiciones ambientales cambiantes. En contextos agrícolas, diversos estudios han demostrado que la presencia de polinizadores silvestres, junto con Apis mellifera, incrementa la cantidad y calidad de los frutos, evidenciando un efecto sinérgico.
La expansión global de Apis mellifera y sus implicaciones
La hegemonía de Apis mellifera no responde a una superioridad ecológica, sino a su idoneidad como especie domesticada. Su comportamiento social, su capacidad de almacenar miel y cera en cantidades considerables y, sobre todo, su adaptación al manejo en panales verticales dentro de colmenas transportables la convirtieron en la opción preferente para la apicultura desde hace siglos. Estas características facilitaron su transporte a larga distancia y su establecimiento en nuevos territorios, acompañando a la colonización humana y a la expansión de los modelos agrícolas intensivos.
Sin embargo, esta expansión ha tenido efectos colaterales importantes:
- Competencia por recursos: las colonias de Apis mellifera, al ser gestionadas en altas densidades, pueden competir con abejas nativas por néctar y polen, afectando sus poblaciones.
- Transmisión de patógenos y parásitos: la introducción de A. mellifera ha facilitado la diseminación de enfermedades a especies silvestres que carecen de resistencia natural.
- Homogeneización biológica: la presencia dominante de A. mellifera puede alterar las redes de interacción planta-polinizador, reduciendo la diversidad funcional y comprometiendo la reproducción de especies vegetales dependientes de polinizadores especializados.
- Desplazamiento cultural y científico: el énfasis en la apicultura comercial ha relegado el conocimiento tradicional sobre meliponicultura y sobre la importancia de las especies locales.
Repensar la gestión de los servicios ecosistémicos
La polinización no es un servicio ecosistémico homogéneo ni intercambiable. La idea de que una sola especie pueda suplir la función polinizadora en todos los contextos es ecológicamente insostenible. Reconocer y valorar la diversidad de especies de abejas —cada una con su nicho ecológico, su rango de vuelo, sus preferencias florales y su fenología— es crucial para conservar los ecosistemas naturales y asegurar la producción agrícola a largo plazo.
Esto implica, entre otras acciones, promover la meliponicultura sostenible en regiones tropicales y subtropicales, restaurar hábitats naturales, limitar la introducción indiscriminada de colonias exóticas y desarrollar políticas que integren la diversidad de polinizadores en la planificación agrícola y urbana.
La expansión global de Apis mellifera ha sido, sobre todo, una consecuencia de su utilidad económica como ganado apícola, no de una mayor eficiencia ecológica. Ninguna especie, por sí sola, puede reemplazar la complejidad y eficacia de las comunidades de abejas silvestres en sus ecosistemas originales. Reconocer y proteger esta diversidad no es únicamente una cuestión de conservación, sino una estrategia indispensable para la seguridad alimentaria y la resiliencia ambiental en el contexto del cambio global.


Autor
Manzano, Jesús. Experto en «Ciencia detrás del comportamiento de las abejas». (2013) Autor del Manual de Apicultura en Sistemas de Producción Ecológica (5a. ed.). España, Guadalajara. Profesor de apicultura de CampusApicultura.com. Perito judicial en apicultura en peritoapicultura.com – Socio fundador de Ecocolmena.org.










Un comentario
Excelente artículo… ojalá sirva para concientizar a la población que de una u otra manera estamos obligados a proteger estás especies para la seguridad alimentaria.