Curiosidades de la abeja reina (Apis mellifera): lo que dicen los datos

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Muchas de las curiosidades de la abeja reina que circulan por ahí son preciosas y falsas. Que gobierna la colmena, que vive cinco o seis años, que se aparea con doce zánganos, que pone tres mil huevos al día. Ninguna se sostiene cuando vas a los datos publicados.

Lo curioso es que la realidad es más interesante que el mito. Una hembra de 185 miligramos que vuela dos tardes en toda su vida y guarda el resultado durante años en una bolsa de un milímetro. Que canta a través de la cera. Que sus hijas ponen a dieta antes de mudarse de casa.

Este artículo recoge lo que sí está documentado sobre Apis mellifera, con la fuente de cada dato, y desmonta de paso lo que llevamos años repitiendo sin comprobar. Incluida alguna afirmación que estaba en la versión anterior de esta misma página.

En dos líneas, por si tienes prisa

La abeja reina no manda: es el órgano reproductor de la colonia, no su gobierno. Vive de media entre uno y tres años, no cinco. Se aparea con entre seis y cincuenta machos en dos o tres tardes, y con esa reserva fecunda huevos durante el resto de su vida.

La abeja reina no manda en la colmena

Empecemos por el malentendido que lo contamina todo. El nombre nos traiciona: llamarla «reina» invita a imaginar una monarca que da órdenes. La colonia no funciona así, y hay experimentos que lo demuestran con bastante elegancia.

Quién decide de verdad dónde vivirá el enjambre

La decisión colectiva mejor estudiada de una colonia de abejas es la elección de un nuevo hogar cuando el enjambre sale. Es una decisión de vida o muerte: si el sitio es malo, el enjambre no pasa el invierno. Y la abeja reina no participa en ella.

La toman varios cientos de obreras exploradoras que salen a inspeccionar huecos, vuelven y los defienden bailando ante sus compañeras. Thomas Seeley y su equipo describieron el mecanismo: el enjambre despega cuando en uno de los emplazamientos coinciden entre diez y veinte abejas. Ese quórum es la señal.

En los ensayos con cinco cajas nido, cuatro mediocres y una claramente mejor, los enjambres eligieron la buena en cuatro de cada cinco pruebas. Un ochenta por ciento de acierto sin nadie al mando. Mientras tanto la reina espera en el racimo, colgada de una rama, a que sus hijas terminen de deliberar.

Las obreras la ponen a dieta para que pueda volar

Este dato es de 1966 y sigue siendo uno de los más reveladores. Una reina en plena puesta está demasiado pesada para volar distancias largas. Así que antes de la enjambrazón adelgaza: pierde alrededor de un tercio de su peso corporal.

La pérdida no es voluntaria. Empieza cuando la reina pone huevos en las cazoletas reales y alcanza su máximo justo cuando esas cazoletas se operculan, que es exactamente el momento en que el enjambre debe estar listo para salir. Las obreras reducen su alimentación y la obligan a moverse.

Una vez instalada en el nuevo hogar recupera el peso normal en unos cinco días. La colonia gestiona la fisiología de su propia reina según lo que necesita en cada momento. Difícilmente puede llamarse a eso gobernar.

Entonces, ¿qué es exactamente la abeja reina?

La definición más honesta es funcional: la abeja reina es el aparato reproductor de un organismo colectivo. Pone huevos y emite la señal química que informa de que sigue viva. No planifica, no reparte tareas y no elige.

Y son las obreras quienes deciden si sigue. Cuando su señal decae construyen realeras de reemplazo; en algunos casos matan a la madre formando una bola apretada de cuerpos a su alrededor, lo que los apicultores llamamos balling. La monarquía dura lo que dura el rendimiento.

Abeja reina rodeada por su corte de obreras sobre un panal de cría
Entre ocho y diez obreras forman en todo momento el corte que rodea a la abeja reina. La alimentan, la limpian y, sobre todo, recogen y reparten su feromona.

Cómo se crea una abeja reina: no basta con la jalea real

La misma larva, dos destinos completamente distintos

No existe un huevo de reina. Cualquier huevo fecundado puede convertirse en reina o en obrera, y lo que decide el destino ocurre después, durante los primeros días de vida larvaria. Es uno de los ejemplos de plasticidad del desarrollo más citados en biología.

La diferencia resultante es enorme. Una reina adulta tiene entre ciento veinte y doscientos ovariolos por ovario; una obrera, entre dos y doce. En la obrera, más del noventa por ciento de los primordios de ovariolo se autodestruyen durante el desarrollo larvario. No es que le falte el gen: es que se apaga.

Un detalle anatómico simpático que se descubrió midiendo reinas comerciales: el ovario derecho contiene de forma consistente más ovariolos que el izquierdo. La reina es ligeramente asimétrica.

La jalea real y el mito de la royalactina

En 2011 la revista Nature publicó un trabajo que dio la vuelta al mundo. Masaki Kamakura afirmaba haber aislado la proteína responsable de crear reinas, la bautizó «royalactina» y decía que bastaba ella sola para producir el fenotipo completo. Incluso reproducía el efecto en moscas del vinagre.

En 2016 la misma revista publicó la réplica. El grupo de Anja Buttstedt no consiguió reproducir el resultado: en sus ensayos de cría in vitro obtuvieron tasas de reinas del nueve al diez por ciento, muy lejos de lo que exigía la hipótesis. Su conclusión fue que ninguna proteína mayoritaria de la jalea real actúa como interruptor único.

Lo que sí funciona es el régimen alimentario completo, sostenido durante todo el desarrollo larvario. Y una diferencia concreta y medible: la jalea que reciben las larvas de reina contiene cuatro veces más azúcares que la de obrera, un 12,4 por ciento frente a un 3,1 por ciento en masa seca.

Por debajo hay una cascada hormonal bien descrita. Silenciar las rutas de señalización de insulina y TOR en larvas con dieta de reina anula el pico de hormona juvenil y produce obreras a pesar de la dieta; aplicar hormona juvenil por vía tópica rescata el desarrollo de reina. La comida es la señal, la hormona es el mensaje.

Si te interesa el lado físico del asunto, hay otra propiedad de la jalea real que explica algo muy visible en el panal: cómo la jalea real permite que las larvas desafíen la gravedad dentro de una celda vertical.

La forma de la cuna también importa

Esta es la novedad más reciente y conviene contarla con su fecha. En junio de 2026 se publicó en Nature que las obreras encargadas de construir realeras sufren una reprogramación fisiológica y transcriptómica específica de esa tarea.

Esa reprogramación les permite fabricar celdas con propiedades mecánicas y químicas distintas de las de obrera. Y las manipulaciones experimentales del entorno de cría demostraron que esas señales físico-químicas son necesarias para que la reina se desarrolle bien: funcionan como un punto de control del desarrollo.

Es decir, la arquitectura del nido no es un simple envase. Forma parte del proceso. Es un hallazgo sólido pero muy reciente y aún sin réplica independiente, así que conviene citarlo señalando su año.

Dieciséis días frente a veintiuno

La abeja reina no solo acaba siendo distinta: llega antes. Nace en dieciséis días cuando la obrera necesita veintiuno y el zángano veinticuatro. Esa ventaja de cinco días es la que permite a una colonia huérfana recuperar reina antes de quedarse sin población.

CastaHuevoLarvaPupaTotal
Reina3 días5,5 días8 días16 días
Obrera3 días6 días12 días21 días
Zángano3 días6,5 días14,5 días24 días
La realera se opercula hacia el noveno día desde que se puso el huevo. Distintas fuentes reparten el medio día sobrante de forma diferente, de ahí que también leas «15 a 16 días» para la reina.

Cuando la colonia se queda huérfana de repente, todo esto se pone en marcha muy deprisa. Las obreras detectan la pérdida en seis a doce horas y empiezan a levantar realeras de emergencia entre las doce y las cuarenta y ocho horas siguientes.

Levantan de media algo más de veinte realeras, y no eligen al azar: el 64,7 por ciento se construyen sobre larvas de menos de dos días, el 25,3 por ciento sobre larvas de tres días y solo el diez por ciento sobre larvas de cuatro. Las abejas hacen espontáneamente lo que un criador de reinas hace con lupa y pincel.

Y tiene sentido, porque la edad de la larva se paga. Las reinas criadas a partir de larvas más viejas salen más pequeñas, con espermateca menor y menos esperma almacenado. En un estudio, las de peor calidad guardaban apenas el sesenta y cinco por ciento del esperma de las mejores.

Reina virgen emergiendo de una realera tras cortar el opérculo de cera
La abeja reina corta el opérculo de la realera desde dentro. Si hay más realeras maduras cerca, empezará a destruirlas en cuanto extienda las alas.

Si quieres ver el proceso completo contado paso a paso, lo tenemos en nacimiento real en la colmena de abejas melíferas.

El perfume de la abeja reina que mantiene unida a la colonia

Si la abeja reina no da órdenes, ¿qué la hace imprescindible? Una mezcla de compuestos que segrega por las glándulas mandibulares y que las obreras reparten por toda la colmena. Se conoce como feromona mandibular de la reina, o QMP por sus siglas en inglés.

Qué contiene ese perfume

En 1988 se identificaron los cinco componentes que bastan para desencadenar la respuesta de corte. Por separado cada uno es débilmente activo; juntos alcanzan la actividad del extracto glandular completo a una concentración diez millones de veces menor que la presente en una reina real.

SiglaCompuestoPapel principal descrito
9-ODAÁcido 9-oxo-(E)-2-decenoicoComponente mayoritario. Atrae a los zánganos a larga distancia en el vuelo nupcial
(–)-9-HDAÁcido (R)-(–)-9-hidroxi-(E)-2-decenoicoAumenta los contactos de apareamiento a corta distancia
(+)-9-HDAÁcido (S)-(+)-9-hidroxi-(E)-2-decenoicoEl otro enantiómero del anterior; ambos están presentes
HOBp-hidroxibenzoato de metiloNecesario para la actividad completa de la mezcla
HVAAlcohol homovainíllicoParecido a la dopamina; modula el aprendizaje de las obreras jóvenes
Los cinco componentes de Slessor y colaboradores (1988). En 2003 se añadieron otros cuatro a la mezcla de corte, y la secreción mandibular completa contiene al menos diecisiete compuestos mayoritarios.

Las cantidades ayudan a hacerse una idea. Una reina fecundada produce entre doce y cuatrocientos microgramos de 9-ODA al día, y sobre la superficie de su cuerpo se mantiene un equilibrio de apenas medio microgramo. Ese medio microgramo es lo que las obreras se llevan al lamerla.

Las abejas mensajeras

Aquí está una de las curiosidades más bonitas y menos conocidas. Entre ocho y diez obreras rodean permanentemente a la abeja reina formando el corte. La tocan con las antenas, la lamen y la alimentan. Pero solo una de cada diez recoge cantidades sustanciales de feromona.

Esas son las mensajeras. Se distinguen por haber mantenido contacto con la reina durante más de treinta segundos, y durante la media hora siguiente se comportan de otra manera: caminan más deprisa, van tocando con las antenas a las compañeras que encuentran y son inspeccionadas con más frecuencia.

Ese relevo es imprescindible por una razón sencilla. La abeja reina solo contacta directamente con alrededor del treinta y cinco por ciento de las obreras del nido de cría. Sin las mensajeras, dos tercios de la colonia no se enteraría de que existe. La cera del panal también actúa como depósito y vía de transferencia.

Obreras nodrizas lamiendo y acicalando a la abeja reina en el nido de cría
Al lamerla, las obreras no la están limpiando: están recogiendo feromona para repartirla. Solo una de cada diez se lleva cantidad suficiente para actuar de mensajera.

Qué pasa cuando el perfume deja de llegar

La feromona hace tres cosas medibles: inhibe el desarrollo ovárico de las obreras, mantiene cohesionado el racimo del enjambre y frena la construcción de realeras. Cuando la señal se debilita, las tres se desmoronan a la vez.

Y aquí está la clave de la enjambrazón. No es que una reina vieja produzca menos feromona: es que en una colonia muy poblada la dispersión por contacto deja de ser suficiente. Cuando la señal no llega a todas las obreras, la colonia interpreta que hay sitio para otra reina y empieza a criarla.

El atractivo de la abeja reina también cambia con su edad. Es nulo el primer día, medio entre el segundo y el cuarto, y alto desde el quinto día hasta bien pasado el año y medio. Y hay un detalle revelador: las reinas criadas de larva muy joven atraen un corte de diecisiete obreras frente a las doce de las criadas de larva de tres días.

La abeja reina no tiene una sola glándula. Además de las mandibulares están las tergales, que refuerzan la formación del corte, y la glándula de Dufour, que segrega ésteres correlacionados con su desarrollo ovárico y actúa en sinergia con la feromona mandibular. La glándula de Koschevnikov empieza a degenerar cuando la reina cumple un año, lo que contribuye a que su señal pierda fuerza con la edad.

El vuelo nupcial de la abeja reina: dos tardes que deciden toda una vida

Toda la descendencia futura de una colonia depende de lo que ocurra en un par de tardes de primavera. La abeja reina virgen sale, se aparea en pleno vuelo con varios machos y vuelve. Después no volverá a hacerlo nunca. Es, probablemente, la curiosidad más extraordinaria de la abeja reina.

Las plazas de apareamiento de los zánganos

Los machos no esperan en la colmena. Se concentran en puntos del aire llamados zonas de congregación de zánganos, donde vuelan en círculo esperando a que aparezca una reina. La descripción clásica las sitúa entre quince y cuarenta metros de altura, con diámetros de decenas a cientos de metros.

El dato que más impresiona es la mezcla genética. Un análisis de parentesco identificó, en una sola de esas concentraciones, zánganos procedentes de unas doscientas colonias distintas. Es una plaza comarcal: los machos de todo un valle acuden al mismo punto.

El seguimiento moderno con radar armónico ha corregido bastante la imagen clásica. Rastreando más de seiscientos vuelos de al menos setenta y ocho zánganos, las zonas resultaron tener núcleos de solo treinta a cincuenta metros, y la más lejana estaba a unos seiscientos metros de la colmena.

Dentro de la zona los zánganos volaban a unos cinco metros por segundo y pasaban unos dos minutos girando en cada una. En el veinte por ciento de los vuelos analizados, un mismo macho visitó más de una zona usando corredores de vuelo compartidos.

Una honestidad que conviene mantener. Una revisión publicada en 2026 recuerda que nadie ha comprobado nunca de forma objetiva que los apareamientos ocurran realmente en esas concentraciones: el papel se les atribuyó por observación indirecta. El seguimiento por radar sugiere que podrían ser también puntos de reorientación dentro de corredores de vuelo. La descripción clásica sigue siendo útil, pero no está cerrada.

Cuántos vuelos hace y a qué hora sale

Aquí ya no hay que estimar nada. Un equipo alemán colocó microchips de radiofrecuencia a sesenta y cuatro reinas y registró cada entrada y cada salida. Estos son los números reales de la vida sexual de una abeja reina.

ParámetroValor registrado
Espera dentro de la colmena tras emerger5 a 8 días
Vuelos totales por reina5,04 ± 3,11 (mínimo 1, máximo 16)
Vuelos por día2,30 ± 1,35
Duración media de cada vuelo17,69 ± 13,19 minutos (mínimo 3, máximo 57)
Días con actividad de vuelo2,20 ± 0,98 (máximo 5)
Franja horaria82,49 % de los vuelos entre las 13:00 y las 16:00 h
Salida más temprana y más tardía11:50 h y 17:38 h
Temperaturas con vuelos registrados14 a 25 °C
Datos de Heidinger y colaboradores (2014) con seguimiento RFID. Ojo al último dato: contradice la regla de manual de que hacen falta más de 20 °C. A temperaturas bajas las reinas hacen más vuelos y más cortos.

Merece la pena detenerse en esas cifras. Poco más de dos horas de vuelo repartidas en dos tardes, casi siempre después de comer. Con lo que recoja en esos ciento y pico minutos tendrá que fecundar huevos durante el resto de su vida.

Por eso el momento es tan delicado para el apicultor. Abrir una colmena con reina virgen a media tarde de un día soleado es la mejor manera de perderla: si sale y no encuentra la entrada al volver, la colonia se queda huérfana sin remedio.

¿De verdad se aparea con doce zánganos?

Esa cifra la hemos repetido todos, y en esta misma página estuvo escrita durante años. Viene de los métodos anteriores a la genética: contar signos de apareamiento y calcular cuánto semen hace falta para llenar la espermateca. Woyke calculó en 1962 que un solo zángano aporta entre un octavo y un noveno del total.

Los marcadores genéticos cambiaron el panorama. Al identificar a los padres de las obreras de una colonia aparecieron muchos más de los que permitían inferir los métodos antiguos. Delaney y sus colaboradores midieron una media de 25,0 ± 13,1 apareamientos por reina, con un rango de seis a cincuenta.

Conviene añadir el matiz técnico, porque es real. No es lo mismo cuántos machos se aparean con la reina que cuántos acaban aportando descendencia de forma sustancial. Esa segunda cifra, la paternidad efectiva, es más baja: en el mismo estudio, 16,0 ± 9,5.

La consecuencia biológica es la que de verdad importa. Las obreras de una colmena no son hermanas: son medio hermanas, hijas de la misma madre y de decenas de padres distintos. Esa diversidad genética hace a la colonia más resistente a las enfermedades y es una de las claves de su éxito evolutivo.

Qué le pasa al zángano

Lo que se cuenta es cierto, aunque suele contarse mal. El zángano sujeta a la reina en pleno vuelo y evierte su endofalo por presión de la musculatura abdominal. Al separarse, una estructura quitinizada queda alojada en la reina: es el llamado signo de apareamiento.

El macho cae al suelo y muere en minutos u horas. Pero el signo de apareamiento no funciona como un tapón que impida nuevos apareamientos, que es como se suele explicar. De hecho, un estudio de 2011 demostró que el signo que se observa procede en realidad de dos zánganos distintos.

Cada eyaculación aporta entre 3,6 y 12 millones de espermatozoides en menos de dos microlitros de semen. El macho alcanza su pico de producción hacia los veinte días desde que emerge. Vive entre veintiún y treinta y dos días, y toda su existencia gira en torno a ese único acto.

El bulo de la abeja reina que se queda ciega

En 2019 la prensa se llenó de titulares sobre zánganos que ciegan a la abeja reina para que no vuelva a volar. La versión anterior de este artículo recogía algo parecido. Hay un estudio real detrás, pero dice bastante menos de lo que se contó.

El trabajo, publicado en eLife, inseminó artificialmente reinas con semen completo, con líquido seminal sin espermatozoides o con solución salina. Encontró que es el líquido seminal, y no los espermatozoides, lo que produce un deterioro visual en las veinticuatro a cuarenta y ocho horas siguientes.

Deterioro no es ceguera. El efecto es transitorio, se midió por electrorretinografía y afecta sobre todo a la respuesta ante luz parpadeante de baja frecuencia. Y los propios autores advierten de que en su diseño las reinas recibieron una diversidad de moléculas mayor que en condiciones naturales, de modo que el experimento exagera lo que ocurre en el campo.

Ellos mismos lo califican de prueba de concepto pendiente de replicación. Nada de daño físico en los ojos, nada de cópula que mutila. Es un efecto bioquímico, moderado y temporal, que quizá desincentive vuelos adicionales. Puedes leer el artículo original en eLife si quieres comprobarlo.

Una bolsa de un milímetro para toda la vida

Cuántos espermatozoides guarda y cómo los conserva

Todo lo que la abeja reina recoge en esas dos tardes acaba en un órgano esférico de aproximadamente 1,1 milímetros de diámetro llamado espermateca. Ahí guarda entre cuatro y siete millones de espermatozoides vivos, en una medición directa sobre reinas comerciales, 4,37 ± 1,45 millones.

La selección es brutal. Menos del diez por ciento del semen permanece dentro de la reina tras la cópula, y solo alrededor del tres al cinco por ciento de los espermatozoides migra activamente hasta la espermateca. El resto se pierde. Los que llegan tienen que durar años.

Y duran, lo cual es en sí mismo un pequeño prodigio fisiológico. La viabilidad del esperma almacenado se mantiene en el 97,3 por ciento a las dos semanas, el 91,1 por ciento al año y el 88,1 por ciento a los dos años. Nueve puntos de caída en dos años.

Macho o hembra, celda a celda

Las abejas tienen un sistema de determinación sexual llamado haplodiploidía, y funciona así: un huevo fecundado da una hembra, obrera o reina según cómo la alimenten; un huevo sin fecundar da un zángano haploide, un macho que no tiene padre y sí tiene abuelo.

La abeja reina controla la liberación de esperma en el momento de poner. Y la dosis es sorprendentemente pequeña: al principio de su vida reproductiva usa unos treinta espermatozoides por huevo, y tras poner unos sesenta mil huevos la cifra baja a una veintena. Una medición más reciente da medianas todavía menores.

Ahora bien, tampoco aquí decide ella sola. Se ha comprobado experimentalmente que cuando no hay celdas disponibles para poner, las reinas ponen huevos fecundados con independencia del tipo de celda. El estímulo mecánico del diámetro de la celda participa en la regulación.

El calor arruina la reserva

Esta parte interesa especialmente a quien compra reinas por correo, pero también explica bastante de lo que está pasando con la apicultura y el clima. El esperma almacenado en la espermateca es muy sensible a la temperatura, y una vez dañado no se repone.

La zona segura documentada va de 15,2 a 38,2 °C para exposiciones de dos a cuatro horas. A 42 °C la viabilidad cae alrededor de un treinta y cinco por ciento. Y en envíos comerciales reales monitorizados se registraron paquetes que llegaron a 38 °C y otros que bajaron a 4 °C.

Dentro de las propias colmenas, durante olas de calor en California, los cuadros más externos superaron los 40 °C durante dos a cinco horas. No hace falta un accidente de transporte para dañar a una reina: basta un colmenar mal sombreado en agosto.

El efecto sobre la colonia está medido. Las reinas de colonias en fallo presentan una viabilidad espermática media en torno al cincuenta por ciento, frente al ochenta y cinco por ciento de las de colonias sanas. Una reina con la reserva estropeada no puede sostener la población.

La abeja reina pone su propio peso en huevos

Cuántos huevos pone de verdad una abeja reina

La cifra que circula por todas partes, dos mil o tres mil huevos al día, es una exageración. No es que sea imposible tocarla en un día excepcional: es que se presenta como si fuera la norma, y los recuentos directos dan bastante menos.

Origen del datoHuevos por díaQué representa
Recuentos de cría operculada800 a 1.100Medición real en condiciones ideales, suponiendo un 90 % de supervivencia larvaria
Reinas excepcionales~2.300Hora y media de huevo por minuto durante doce días seguidos. Descrito como raro
Revisiones bibliográficas1.500 a 2.000Techo citado habitualmente, no media sostenida
Colmena de laboratorio con 50 obreras103,7 ± 13,2Demuestra hasta qué punto la puesta depende de las nodrizas que la atienden
La horquilla defendible para un artículo divulgativo es «entre mil y dos mil huevos al día en el pico de temporada». La reina alcanza su máximo cuando la colonia ronda las treinta mil abejas y a partir de ahí desciende.

Pero incluso con la cifra corregida el dato sigue siendo espectacular, y se puede comprobar con una multiplicación. Una reina pesa 184,8 miligramos de media. Cada huevo pesa entre 0,12 y 0,22 miligramos y mide algo menos de milímetro y medio.

Poniendo mil quinientos huevos en un día, la masa de huevos ronda los ciento noventa y cinco miligramos. Es decir, más que su propio cuerpo. En sus mejores días, una abeja reina pone cada veinticuatro horas una cantidad de huevos que pesa lo que ella.

Huevos de abeja recién puestos, uno por celda, en el fondo de las celdillas del panal
Un huevo por celda, pegado al fondo y en posición vertical. Encontrar huevos es la forma más fiable de confirmar que hay reina sin necesidad de buscarla.

Por qué no siempre pone más

La puesta no la marca la abeja reina, la marca la colonia. Depende de la entrada de néctar y polen, de la temperatura, del espacio disponible en los panales y, sobre todo, del número de nodrizas capaces de alimentar larvas.

El experimento de laboratorio de la tabla lo ilustra bien: la misma reina, con solo cincuenta obreras acompañantes, bajó a poco más de cien huevos diarios. No es un problema de capacidad ovárica sino de logística.

Y hay un dato contraintuitivo que desmonta la idea de que una colonia crece indefinidamente: la reina alcanza su máximo de puesta cuando la población está a la mitad, en torno a las treinta mil abejas, y a partir de ahí desciende aunque la colonia siga creciendo.

Cantos y duelos entre reinas

Tooting y quacking: el canto de la abeja reina

Si alguna vez has pegado la oreja a una colmena en plena enjambrazón, quizá lo hayas oído. Las reinas se comunican entre sí con dos señales distintas que en la literatura se llaman tooting y quacking, y que forman un diálogo con reglas.

El tooting lo emite la reina que ya ha emergido, fuera de su celda, con el tórax inclinado hacia delante y apoyado en el panal. Sus sílabas duran alrededor de un segundo al principio y se van acortando hasta un cuarto de segundo, con frecuencias fundamentales entre doscientos y quinientos cincuenta hercios.

El quacking es la respuesta, y lo emiten las reinas que todavía siguen encerradas en sus realeras, listas para salir pero retenidas por las obreras. Sus sílabas son mucho más cortas, de una décima de segundo. Una reina puede empezar a emitirlo unas veintiuna horas después de expandir las alas.

Lo más interesante es el canal. No es sonido que viaja por el aire: es vibración transmitida a través de la cera del panal. Cuando se mide como velocidad de vibración en lugar de como sonido, la frecuencia fundamental domina sobre los armónicos. La colmena entera funciona como membrana.

La función mejor documentada es evitar que dos reinas emerjan a la vez y se maten mutuamente. También parece servir para que se evalúen a distancia y para suprimir la agresividad de las obreras. Lo contamos con más detalle en los científicos traducen los duetos de la abeja reina.

Varias realeras operculadas colgando del borde de un panal, a punto de eclosionar
Cuando hay varias realeras maduras a la vez, las reinas encerradas responden con quacking al tooting de la que ya ha salido. Es la forma que tiene la colonia de escalonar las emergencias.

El duelo no es exactamente un duelo

La imagen romántica de dos reinas enfrentándose a solas hasta que una cae es inexacta. Para empezar, la mayoría de las rivales mueren sin llegar a pelear: la primera reina que emerge recorre el panal destruyendo selectivamente las realeras que ya están maduras.

Cómo eligen a las nuevas reinas en la colmena

Si quieres ver este proceso en imágenes, este vídeo muestra cómo las abejas crían varias reinas y cómo se resuelve finalmente la sucesión dentro de la colonia.

Vídeo ilustrativo sobre la selección de reinas y la competencia entre candidatas dentro de la colonia.

Cuando sí hay combate, se ha identificado el estímulo que lo dispara: el contacto con la superficie dorsal del abdomen de la rival. Y hay una conducta defensiva bastante inesperada, descrita en 2003, que consiste en rociar el contenido rectal hacia la contrincante.

Ese material fecal repele a las obreras y estimula que se dediquen a limpiar en lugar de intervenir. Porque las obreras están presentes durante todo el enfrentamiento, y no son espectadoras neutrales: modifican el desenlace. También se ha observado que las reinas que vibran a mayor frecuencia eliminan a más competidoras.

Reemplazo o enjambrazón: cómo distinguirlos

Una colonia cría reinas nuevas por tres motivos muy distintos, y para el apicultor la diferencia lo cambia todo. En la enjambrazón la colonia se reproduce y se divide. En el cambio simplemente sustituye a una reina que ya no rinde, y por accidente o por intervención del apicultor que multiplica colmenas se crean reinas para salir de la orfandad

  • Reemplazo de una reina envejecida o defectuosa.
  • Preparación de una enjambrazón.
  • Orfandad por pérdida accidental de la reina.
SeñalSupersedura o reemplazoEnjambrazón
Número de realerasPocas, de tres a cinco como máximoMuchas, a menudo más de cinco
Dónde estánSobre la cara del panal, dentro del área de críaIniciadas desde cazoletas en los márgenes del panal
Qué pasa con la madrePuede convivir con la hija: colonia con dos reinas y sin interrupción de críaParte con el enjambre antes de que emerja la hija
Por qué ocurreReina vieja, dañada o enfermaReproducción de la colonia; la señal de la reina no llega a todas
Criterios orientativos, no infalibles: cualquier apicultor con años encima ha visto excepciones a los cuatro. Cuando la supersedura sale bien, madre e hija ponen juntas durante semanas.

Qué hace la primera reina al nacer

  1. Sale de su realera.
  2. Localiza otras realeras maduras.
  3. Las perfora para matar a las competidoras.
  4. Solo si nacen varias reinas a la vez se producen combates directos.

¿Cuánto vive realmente una abeja reina?

El mito de los cinco o seis años de la abeja reina

Es probablemente el dato más repetido y peor comprobado de toda la divulgación apícola, y estuvo en esta página. La cifra de cinco o seis años procede de manuales antiguos y no se sostiene como valor típico.

IndividuoLongevidad documentada
Reina, media real1 a 2 años
Reina, en circunstancias favorables3 a 4 años
Reina, máximo excepcional registrado8 años
Obrera de verano15 a 38 días
Obrera de primavera u otoño30 a 60 días
Obrera de invierno150 a 200 días
Zángano21 a 32 días
Datos de la revisión de Remolina y Hughes (2008) y de Amiri y colaboradores (2017). La práctica comercial de sustituir reinas cada una o dos temporadas no es un capricho: coincide con la longevidad real.

Aun corrigiendo la cifra, la diferencia sigue siendo asombrosa. Una reina puede vivir cuarenta veces más que una de sus hijas de verano, y ambas salen de un huevo idéntico. Lo único que las separó fue lo que comieron durante cinco días de larva.

Por qué vive tanto más que una obrera

La explicación popular, «porque come jalea real toda su vida», es demasiado simple. Los mecanismos que sí están documentados son cuatro, y ninguno es la dieta por sí misma.

  • Vitelogenina. Una proteína de reserva sintetizada en el cuerpo graso. Las reinas mantienen niveles superiores a los de cualquier casta de obrera y muestran mayor resistencia al estrés oxidativo. Silenciarla acorta la vida de forma significativa.
  • Hormona juvenil baja. Sus niveles bajos permiten acumular vitelogenina. Las pecoreadoras hacen justo lo contrario: hormona juvenil alta y vitelogenina reducida, y viven semanas.
  • Señalización tipo insulina reducida. La misma vía que se asocia a la longevidad en otros animales, desde el nematodo hasta el ratón.
  • Membranas resistentes a la peroxidación. La composición lipídica de sus membranas celulares las hace menos vulnerables al daño oxidativo acumulado.

Hay además un hallazgo que contradice la teoría clásica del envejecimiento. En las reinas, la expresión de genes antioxidantes y respiratorios disminuye con la edad, mientras que en las obreras aumenta. Justo lo contrario de lo que cabría esperar.

Y hay otra rareza. En casi todos los animales estudiados existe un intercambio entre vivir mucho y reproducirse mucho: quien invierte en una cosa renuncia a la otra. La abeja reina no paga ese peaje. Vive años y mantiene la puesta, lo que la convierte en un modelo raro de longevidad sin coste reproductivo.

Qué está acortando la vida de las reinas

Los apicultores llevan años diciendo que las reinas ya no duran lo que duraban. La impresión es generalizada y las revisiones la recogen: la longevidad reducida por debajo del año «se observa de forma común y creciente». Conviene decir también que no he encontrado publicada una comparación numérica entre décadas.

Lo que sí está medido es la calidad de las reinas que se venden. Entre el 13,6 y el 19,0 por ciento de las reinas producidas comercialmente portan menos de tres millones de espermatozoides, es decir, fecundación insuficiente. La viabilidad espermática media ronda el ochenta y cuatro por ciento.

A eso se suman los patógenos. La infección por Nosema apis puede reducir la vida de una reina a una media cercana a los cincuenta días, provocando su sustitución, aunque el efecto no es universal. También están documentados el virus de la parálisis crónica, el virus de las alas deformes y los ácaros traqueales.

Abeja reina muerta sobre la mano de un apicultor, con el abdomen alargado característico
Perder una reina en pleno mayo es perder la temporada. Entre el 13,6 y el 19,0 % de las reinas comerciales salen del criadero con fecundación insuficiente.

Retrato de la abeja reina en cifras

El aguijón que no se desprende

La obrera muere al picar a un mamífero porque su aguijón lleva unas veinte púas repartidas en dos hileras de diez, con ángulos de entre cuarenta y seis y noventa grados en las puntas. Esa estructura en rastrillo penetra bien y sale mal, y se lleva parte del abdomen consigo.

El de la reina es más largo, unos tres milímetros frente a los 2,3 de la obrera, y sus púas están mucho menos pronunciadas. Conviene decirlo así y no «liso», que es como suele contarse: lo documentado es que están menos marcadas, no que hayan desaparecido.

El efecto práctico sí es el que se cuenta: no se le desprende y puede picar más de una vez. La prueba indirecta más sólida está en la literatura sobre duelos, donde las reinas vírgenes matan a varias rivales con el aguijón y siguen vivas para seguir compitiendo.

Que casi nunca pique a una persona no es incapacidad. Su aguijón es un arma pensada para otras reinas, no para defender el nido, y su repertorio de conducta gira alrededor de la puesta. No he encontrado ningún estudio que lo mida directamente, así que lo presento como lo que es: una interpretación funcional razonable.

Abeja reina, obrera y zángano comparados

RasgoReinaObrera
Peso húmedo184,8 ± 21,7 mgAlrededor de 100 mg
Anchura del tórax4,35 ± 0,19 mmMenor
Ovariolos por ovario120 a 2002 a 12
Ovariolos totalesMediana 320 (rango 233 a 438)Menos de 20
Longitud del aguijón~3 mm, con púas poco marcadas~2,3 mm, con unas 20 púas
Desarrollo16 días21 días
Longevidad media1 a 2 años15 a 38 días en verano
El peso de la obrera es un valor de manual: no he localizado un artículo revisado por pares que lo mida, a diferencia del de la reina. Y un aviso útil: el peso de una reina no predice su número de ovariolos, según un estudio sobre setenta y cinco reinas de diez proveedores.

Seis cosas que se dicen de la abeja reina y no son ciertas

Reunidas en un sitio para que sea fácil consultarlas. Varias de ellas estaban en la versión anterior de esta misma página, y por eso las corregimos aquí de forma explícita en lugar de borrarlas en silencio.

Lo que se diceLo que dicen los datos
«La abeja reina manda en la colmena»No participa siquiera en la decisión colectiva mejor estudiada, la elección de nuevo hogar. Es el aparato reproductor de la colonia, no su gobierno
«Vive cinco o seis años»La media real está entre uno y dos años. Tres o cuatro en buenas condiciones y ocho como máximo excepcional
«Se aparea con unos doce zánganos»Cifra de los métodos anteriores a la genética. Los marcadores dan entre seis y cincuenta machos, con una media observada de veinticinco
«Pone entre 2.000 y 3.000 huevos al día»Los recuentos directos dan de 800 a 1.100. Las reinas excepcionales llegan a unos 2.300, y se describe como raro
«Los zánganos la dejan ciega al aparearse»Titular de prensa. El estudio real describe un deterioro visual transitorio de uno a dos días causado por el líquido seminal, y sus autores advierten de que el experimento exageró el efecto
«La jalea real es 500.000 veces más potente que cualquier antibiótico»No existe ninguna fuente para esa cifra. Los datos reales apuntan justo al revés: el 10-HDA necesita cientos o miles de microgramos por mililitro para inhibir bacterias, cuando los antibióticos trabajan en unidades
La última merece un apunte legal además del científico: en la Unión Europea, atribuir propiedades antibióticas o curativas a un producto de la colmena infringe el Reglamento (CE) 1924/2006, y no hay ninguna declaración de propiedades saludables autorizada para la miel ni para la jalea real.

Y una que es casi cierta: «es la madre de todas las abejas de la colmena»

Casi. Hay tres excepciones documentadas, y las tres son curiosas por sí mismas.

La primera es la deriva. En colmenares mal dispuestos, con hileras largas y sin referencias visuales, entre el cincuenta y el noventa por ciento de las pecoreadoras acaban entrando en una colmena que no es la suya. Con una disposición agrupada y bien señalizada la cifra baja a alrededor del cinco por ciento.

La segunda son los zánganos de obrera. Incluso con reina presente, aproximadamente una obrera de cada diez mil llega a tener un huevo plenamente desarrollado, y aparece un huevo por cada dieciséis mil celdas de zángano. El ochenta y cinco por ciento se elimina en un día por lo que se conoce como policía de obreras, y solo el dos por ciento eclosiona.

La tercera ya la hemos visto: aunque la madre sea única, los padres son decenas. Las abejas de una colmena son medio hermanas, y esa diversidad genética es una parte importante de por qué la colonia funciona.

Preguntas frecuentes sobre la abeja reina

¿Cuánto vive una abeja reina?

De media entre uno y dos años, no los cinco o seis que suelen citar los manuales antiguos. En circunstancias favorables puede llegar a tres o cuatro años, y hay registrado algún caso excepcional de ocho. Los apicultores comerciales sustituyen a sus reinas cada una o dos temporadas precisamente porque la longevidad real es esa. Para hacerse una idea de la diferencia con el resto de la colonia, una obrera de verano vive entre quince y treinta y ocho días.

¿Cuántos huevos pone al día una abeja reina?

Los recuentos directos sobre cría operculada dan entre ochocientos y mil cien huevos diarios en condiciones ideales, y las revisiones bibliográficas citan hasta mil quinientos o dos mil como techo. Las cifras de dos mil a tres mil que circulan por internet son una exageración: solo reinas excepcionales llegan a unos dos mil trescientos, y se describe como algo raro. Aun así el dato es espectacular, porque mil quinientos huevos pesan más que la propia reina.

¿La abeja reina manda en la colmena?

No. La decisión colectiva mejor estudiada de una colonia, la elección de un nuevo hogar cuando sale el enjambre, la toman varios cientos de obreras exploradoras y la abeja reina no participa en ella. Tampoco controla su propio cuerpo: antes de la enjambrazón las obreras la someten a ayuno hasta que pierde un tercio de su peso para que pueda volar. Y son ellas quienes deciden reemplazarla cuando su señal química decae.

¿Con cuántos zánganos se aparea la abeja reina?

Con muchos más de los doce que suele decirse. Los estudios con marcadores genéticos han documentado entre seis y cincuenta machos por reina, con una media observada de veinticinco. Conviene distinguir esa cifra de la paternidad efectiva, que cuenta cuántos machos aportan realmente descendencia de forma sustancial y es más baja, alrededor de dieciséis. Todo ocurre en dos o tres tardes, en vuelos que suman poco más de dos horas en toda su vida.

¿Por qué una larva se convierte en reina y otra en obrera?

Por el régimen alimentario que recibe durante todo el desarrollo larvario, no por un único compuesto milagroso. La jalea destinada a larvas de reina contiene cuatro veces más azúcares que la de obrera, y esa diferencia dispara una cascada hormonal que pasa por las rutas de insulina y TOR y desemboca en un pico de hormona juvenil. Un estudio de 2026 ha demostrado además que las propiedades mecánicas y químicas de la propia realera son necesarias para que el desarrollo sea normal.

¿La abeja reina pica?

Sí, y además puede hacerlo varias veces sin morir, porque las púas de su aguijón están mucho menos pronunciadas que las de la obrera y no se le desprende. Su aguijón mide alrededor de tres milímetros frente a los 2,3 de una obrera. Ahora bien, lo usa contra otras reinas, no para defender el nido: rara vez pica a una persona. No conviene decir que su aguijón es liso, porque lo documentado es que las púas están reducidas, no ausentes.

¿Cómo sé si mi colmena se ha quedado sin reina?

La señal más fiable no es ver a la abeja reina sino ver huevos recién puestos, uno por celda y pegados al fondo. Si no los hay, busca realeras de emergencia: las obreras detectan la orfandad en seis a doce horas y empiezan a construirlas entre las doce y las cuarenta y ocho horas siguientes, levantando de media algo más de veinte. Otra señal de alarma es la puesta múltiple y desordenada en las paredes de las celdas, que suele indicar obreras ponedoras.

¿Qué es el canto de la abeja reina?

Son dos señales vibratorias que las reinas transmiten a través de la cera del panal, no a través del aire. La abeja reina ya emergida emite el llamado tooting, con sílabas de hasta un segundo y frecuencias entre doscientos y quinientos cincuenta hercios. Las reinas todavía encerradas en sus realeras responden con quacking, de sílabas mucho más cortas. Sirve sobre todo para evitar que dos reinas emerjan a la vez y se maten, y se oye con facilidad en colmenas próximas a enjambrar.

¿Se puede ver a la abeja reina en una visita a un colmenar?

Con frecuencia sí, y es lo que más recuerda la gente de una visita. En una jornada guiada tipo Apicultor por un Día se abre una colmena y se revisan varios cuadros, así que suele aparecer, rodeada de su corte y con el abdomen visiblemente más largo que el de sus hijas. Aunque no salga, se ven los huevos, las larvas y a veces alguna realera. La actividad dura unas dos horas, incluye traje y guantes, y se puede participar desde los seis años acompañado de un adulto.

Verlo con tus propios ojos cambia bastante las cosas

Leer que el corte tiene entre ocho y diez obreras es una cosa. Ver cómo se abre un hueco entre las abejas y aparece ese abdomen largo caminando sobre el panal es otra bastante distinta, y es lo que suele quedarse en la memoria de quien lo vive.

Una jornada de Apicultor por un Día dura unas dos horas, se hace con un apicultor en su propio colmenar y está pensada también para familias: se puede participar desde los seis años con un adulto. El traje y los guantes van incluidos, y es una experiencia que se puede regalar.


Seguir leyendo sobre la abeja reina

Fuentes consultadas

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  • Normativa: Reglamento (CE) 1924/2006 relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables · Reglamento (UE) 432/2012.

Este artículo tiene finalidad divulgativa y describe la biología y la etología de la abeja reina. No atribuye propiedades saludables a ningún producto de la colmena: en la Unión Europea no existe ninguna declaración de ese tipo autorizada para la miel ni para la jalea real. Revisión y actualización: septiembre de 2026.

Firma Articulo tecnico de Ecocolmena

Autora

Castillo Arias, Marianela. Activista y divulgadora. Creadora de contenidos. Profesora de apicultura y formadora de formadores – Socia de Ecocolmena

9 respuestas

  1. Excelente gracias muy ilustrado y muy importante saberlo ..soy Apiculora.Hago celdas reales ..y es muy interesante saber y aprender más de las abejas..gracias..hermosa publicación..

      1. Muchas gracias ecocolmena por la información no soy apicultor pero me gusta mucho informarme y saber la excelencia de estas abejas ? es admirable su forma de como trabajan y como viven ? ?

  2. Me quedó una duda si la reina pone muchos huevos y la colmena crece demasiado debe enjambrar en otro espacio. En ese caso… ¿queda otra reina nueva en esa colmena? y ¿ dónde se va la anterior?

    1. En la época de enjambre, se realiza todo un preparativo dentro de la colmena para realizar este enjambre. Se deja unas celdas reales preparadas. 1 semana antes de que nazcan las jóvenes reinas, más o menos, enjambra una parte de la colonia. Este enjambre está compuesto por la reina vieja y un séquito de abejas con distintas funciones (cereras, pecoreadoras, nodrizas), todas con alimento para subsistir en el viaje de encontrar un nuevo lugar donde emplazar la nueva colonia.

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