Cómo perciben las abejas su ambiente

La abeja reina y su sequito
Contenidos

Las abejas tiene los sentidos extraordinariamente desarrollados, perciben su ambiente de forma optima. Le han ayudado a sobrevivir y adaptarse a los distintos ambientes del planeta. El medio ambiente natural, medioambiente​ natural o entorno natural es el conjunto de componentes físicos, químicos y biológicos externos con los que interactúan los seres vivos.​

Las abejas y sus sentidos

Saber como la abeja percibe su ambiente ha tomado años de investigaciones. Los sentidos de la abeja le han permitido detectar los cambios y responder a los mismos con determinadas actitudes o estados fisiológicos.

ambiente defensivo en la piquera
Cómo percibe la abeja su ambiente

Los sentidos en un ambiente cambiante

La vista es uno de los sentidos más desarrollados en los humanos, pero en el caso de la abeja, hay otros sentidos que son más importantes como el del olfato o el gusto.

La abeja se encuentra en un ambiente oscuro en la colmena, por tanto, el sentido de la vista no es de mucha utilidad, pero si aquellos que capten olores, sabores y cualquier movimiento o vibración.

El enjambre un ambiente en proceso de un nuevo hogar
enjambre en un árbol

Los animales

Se adaptan a las condiciones del ambiente porque poseen células o grupos de células que tienen una sensibilidad específica a los cambios del medio que les rodea. Son los órganos de los sentidos

Las células receptivas se extienden por los nervios sensoriales hacia el sistema nervioso central y de este salen los nervios motores a los músculos y glándulas, respondiendo al estímulo.

La foto recepción para percibir el ambiente

La fotorrecepción (sentido de la vista), la quimiorrecepción (sentidos del gusto y del olfato), la mecanorrecepción (sentidos del tacto y del oído), la magnetorrecepción (campos magnéticos) y la termorrecepción (temperatura) son los sentidos de las abejas para percibir el ambiente.

Los ojos compuestos

Gracias a sus dos ojos compuestos la energía radiante de la luz, es percibida. Están situados a ambos lados de la cabeza, formados por estructuras más pequeñas, independientes de forma hexagonal llamadas omatidios.

Compuestos, de lentes externas para enfocar la luz, y una retina que se encuentra debajo sensible a la luz y conectada con el cerebro por nervios.

Ocelo

Un ocelo u ojos simples consiste en una lente sobre una capa muy simple de células retinales alargadas conectadas con las fibras nerviosas.

Son tres y están situados formando un triángulo en la parte superior de la cabeza. Sirven para visión corta en el ambiente oscuro de la colmena.

No existe ningún refinamiento y no puedan formar ninguna imagen. Su función es detectar la intensidad de la luz, pueden percibir los rayos infrarrojos muy útiles para la actividad de la abeja.

¿Cómo son los omatidios?

Cada omatidio consiste en una lente, detrás de la cual hay un claro y transparente cono cristalino, rodeado de células pigmentadas, detrás de este cono están las células retinianas también rodeadas de células pigmentadas.

Estas células pigmentadas sirven para excluir la luz que penetra en las proximidades de los mismos asegurándose que el estímulo sea solo aplicado a la luz que penetra en la unidad.

¿Cuántas facetas tienen las distintas castas?

El número de facetas u omatidios de los ojos compuestos varía en las diferentes castas. La reina tiene 4.290 omatidios, la obrera 6.300 y el zángano 13.090. de acuerdo a las necesidades de cada uno.

La reina solo va a necesitar del sentido de la vista una vez en su vida, para su vuelo nupcial y para la vuelta a la colmena después del mismo, mientras que la obrera lo necesita toda su vida para la recolección, localización de la colmena.

El zángano tiene la mejor visión, su misión principal es localizar a las hembras vírgenes en el vuelo nupcial, y copular con ellas, por eso tiene los ojos más grandes, más abultados y con mayor número de omatidios.

Los ojos compuestos

Son órganos muy perfeccionados que dan una visión de gran calidad que no pueden formar imágenes como las producidas por las lentes de los vertebrados.

Cada omatidio detecta la intensidad de luz del campo situado inmediatamente enfrente de su lente y la impresión total recibida por todo el ojo es como una reproducción en mosaico, compuesta de pequeñas manchas.

Forman imágenes por aposición. La capacidad de definición es muy limitada, pero para la abeja son muy eficaces, ya que puede reconocer marcas de referencia en el terreno y detectar con gran rapidez los movimientos, también percibe diferencias de color, forma y posición.

El ambiente exterior. Las flores

Entre los diferentes estímulos visuales (tamaño, forma, contorno, simetría) que entran en juego en las relaciones insecto/flores, la percepción del color tiene un papel fundamental.

Gracias a los experimentos de Von Frisch sabemos que la abeja tienen una buena visión para los colores. Kuhn descubrió que la abeja ve la luz ultravioleta unos años más tarde.

Por tanto, la abeja percibe el ambiente que la rodea  pero en un espectro distinto al de los humanos.

como percibe la abeja el ambiente del jardin
Simbiosis entre flores y abejas

¿Qué colores ven las abejas en el ambiente exterior?

La gama de color se extiende desde el ultravioleta (300 nanómetros) hasta el amarillo-anaranjado (650 nm.) mostrando picos de sensibilidad para el ultravioleta, azul y verde.

Para el ojo humano, la cinta de color se extiende desde los 400 a los 750 nanómetros con mayor sensibilidad para el azul, verde y rojo.

Nosotros no vemos la banda ultravioleta (somos ciegos para los colores de longitud de onda por debajo de los 400 nm), pero percibimos con gran facilidad toda la banda roja.

Sin embargo, la abeja es muy sensible al ultravioleta es ciega para el rojo (no distingue colores por encima de los 650 nm), lo ve como ausencia de color o sea como negro.

plantas aromáticas

Es para la abeja uno de sus tres colores primarios, es evidente que el color utilizado por una flor como reclamo debe estar dentro de la gama de colores visible por el polinizador.

Son atraídas por flores que a nuestros ojos son azules y amarillas, aunque ellas aprecian de diferente color, ya que el ultravioleta puede estar también presente.

Diseños en las flores

La corola de una flor es muy importante, las marcas de contraste que guían a los insectos hacia donde se encuentra el néctar (líneas convergentes hacia el interior de la flor).

El color de las “guías de néctar”, suele contrastar con el color floral de fondo, lo que ayuda al polinizador a encontrar el camino correcto.

De las flores polinizadas por la abeja, un 30% tienen guías de néctar claramente visibles por el ojo humano, pero otro 26% tienen pautas ultravioleta que solamente son percibidas por el ojo de la abeja.

Efecto diana

La preferencia de la abeja por flores con regiones centrales que absorben ultravioleta es lo que se denomina “efecto diana” que  es un mecanismo muy extendido para llamar la atención del polinizador.

Podemos creer que los receptores UV se desarrollaron en los insectos a partir de un proceso coevolutivo con la coloración de las flores, pero no es así, los insectos pueden ver el UV millones de años antes de que aparecieran las plantas con flores.

Cómo se orienta la abeja en el ambiente

Los ojos compuestos tienen otra propiedad muy importante: la de detectar el plano de vibración de la luz polarizada.

Von Frisch demostró que la abeja encuentra el camino de vuelta a la colmena y registra la ubicación de la fuente de alimento mediante el ángulo del sol y si este no se ve, por el plano de vibración de la luz.

Durante los días en que las nubes cubren por completo el cielo, ellas pueden seguir orientándose por el sol y localizando su posición, sin perderse.

La luz polarizada y la magnetorrecepción

Una de las señales naturales del ambiente es el campo geomagnético. La tierra se comporta como un enorme imán. Pero los polos del campo geomagnético a veces han invertido su posición.

Cuando ha sucedido esto, grandes grupos de seres vivos se han extinguido, pero la abeja ha sobrevivido. Los diferentes mecanismos de detección del campo magnético en animales, aún es poco conocido.

Campo magnético y la abeja

La abeja es uno de los insectos que es capaz de detectar efectivamente el campo geomagnético ejecutar sus danzas ajustándose con la dirección de dicho campo.

Cuando un enjambre deja la colmena original construyen los nuevos panales en la misma dirección magnética de la colmena anterior.

Se ha demostrado que es necesario, campos magnéticos muy fuertes para destruir esa orientación geomagnética de los panales.

Parece ser que la magnetita, un imán natural encontrado en el abdomen de las abejas, puede ser el sensor magnético responsable de la magnetorrecepción.

La quimiorrecepción

El interior de la colmena es un mundo de oscuridad, la percepción de sustancias químicas, junto con las mecánicas, se hacen imprescindibles para la comunicación.

El más primitivo de los sentidos es la percepción de moléculas químicas en el ambiente, es decir el olfato y el gusto.

Si la percepción es a distancia, las moléculas llegan al receptor disueltas o en suspensión en el aire, en baja concentración hablamos del sentido del olfato.

Está relacionado con el reconocimiento del grupo, defensa, protección y alimentación de la cría, reproducción y búsqueda de comida.

Si la percepción de las moléculas químicas generalmente en mayor concentración, es por contacto entonces se conoce como gusto y está íntimamente relacionada con la selección del alimento.

Cómo huelen y como diferencian sabores

El sentido del gusto de la abeja es menos sensible que el de otros insectos. Existen sabores, como el amargo, que no son detectados por ella.

Así como concentraciones de una solución azucarada al 2%, que para nosotros es francamente dulce, no es distinguido del agua pura.

Las mariposas utilizan néctares de concentraciones de azúcar muy débiles que son despreciados por la abeja.

Esta baja sensibilidad ante una concentración baja de azúcar, es debido a que el néctar recolectado debe de tener una gran cantidad de azúcar, en otro caso no resulta susceptible de transformarse en miel y conservarse durante el invierno.

En el sabor del néctar hay algún tipo de información que se transmite de las pecoreadoras que vuelven del campo a la abeja receptora.

Esto es importante para alertar sobre la existencia de fuentes de alimentos con una alta concentración de azúcar en el néctar.

Los receptores del gusto se encuentran como pelos muy finos (sensilios tricoideos) situados en la cavidad bucal, aunque parece que también se pueden encontrar en los tarsos.

El olfato

Para la abeja, el sentido del olfato es, quizás el más importante, sobre todo, dentro de la colmena donde se encuentran prácticamente a oscuras, pero también fuera de ella.

En la abeja los quimiorreceptores responsables del olfato se encuentran en sus antenas en forma de pelos olfativos, como formando unas estructuras microscópicas llamadas placas porosas.

Cada placa tiene una ranura alrededor de su borde y cubre un grupo grande de células sensoriales.

Las antenas

Son capaces de captar diminutas partículas de materia que viajan por el aire. Se estima que hay cinco o seis mil órganos placa sobre el flagelo de la antena de la obrera, dos o tres mil en la reina y posiblemente treinta mil en el zángano

Se encuentra recorrida internamente por un nervio doble que procede directamente del cerebro.

Las feromonas

Se pueden definir como aquellas sustancias secretadas al exterior por un animal y que, recibidas por otro individuo de la misma especie, provocan en él una reacción específica.

Los insectos sociales como la abeja, son un buen ejemplo de la variabilidad de estas feromonas.

Olor de grupo

El olfato tiene un papel importante en la defensa de la colonia frente a extraños. Ya que todos los individuos de la misma colmena pueden reconocer su propio olor y no mostrarse agresivos entre ellos.

Sí las abejas de una colmena se introducen de forma súbita en otra, llevará a la lucha entre obreras y la muerte de muchas de ellas 

Percibiendo el ambiente de los olores

Cuando se pretenda introducir una reina en una colmena huérfana, o fortalecer con aporte de abejas procedente de otra más fuerte, deben de mantenerse separadas por medio de papel de periódico.

Ellas irán rompiendo poco a poco, de forma que los olores de los dos grupos se vayan mezclando.

Conviene rociar las abejas introducidas, con agua con azúcar, a fin de que se limpien y vayan acostumbrándose a su olor. Esto también debe de ser tenido en cuenta a la hora del manejo de las colmenas.

La glándula de Nasanoff

Lo mismo sucederá con la que individualmente lleguen por la piquera una colmena ajena por acción de la deriva. Las guardianas situadas en la piquera las huelen y si no reconocen el olor del grupo, las obligan a marcharse.

Si la intrusa viene con carga de néctar o polen, la guardiana permite el paso. Este es un comportamiento natural que evita el pillaje entre colmenas. Este olor es segregado por la glándula de Nasanoff situada en la parte dorsal del abdomen.

Los machos al no tener esta glándula no tienen olor propio lo que facilita su aceptación por las obreras de cualquier colmena, ya que no le identifican como un extraño.

Llamadas de reclamo

Existen otras sustancias exhaladas también por las glándulas de Nasanoff, cuyo aroma, semejante al de la melisa, es un poderoso reclamo para las abejas (Uno de los compuestos químicos es el geraniol).

Cuando el flujo de llegada de la abeja pecoreadora a la colmena se interrumpe o desciende su ritmo, algunas abejas se sitúan en la piquera y abren su glándula para crear pistas olorosas que reclaman a las que puedan estar desorientadas o perdidas.

Mensajes de alarma

El veneno está dotado de una sustancia volátil llamada acetato de isoamilo, semejante al olor del plátano, esta es una feromona importante que actúa como mensaje de alarma, cuando las abejas pican.

Este olor es captado por otras obreras, creando en ellas un estado de excitación y agresividad, que las induce a picar a quien huela más intensamente a veneno.

Otra sustancia como la heptanona-2, segregada por las glándulas mandibulares, también actúan como feromonas de alarma.

El atractivo aroma de las flores

La pecoreadora que intentan excitar a sus compañeras para que busquen néctar de determinada especie de planta, al final del baile dejan salir un poco del néctar de su buche, que permite identificar a las abejas de la colmena la fuente de alimento.

Las abejas adiestradas a reconocer un determinado olor floral, son capaces de almacenar en su memoria esta información, para después en el campo dirigirse exclusivamente a las flores que presenten el olor adecuado.

El pecoreo

El aroma de las flores se adhiere a la capa de cutícula cerosa que cubre el cuerpo de la abeja.

Durante el baile, las abejas que siguen a la pecoreadora huelen el aroma y luego responden de forma selectiva ante él cuando salen en busca de alimento.

Esta selectividad en el pecoreo de una determinada especie floral, presenta una doble ventaja biológica.

Tanto para la abeja, que aprende la técnica de recolección del néctar y la forma de llegar a los nectarios, agilizando así el trabajo, como para la planta, que recibe granos de polen de otras flores de su especie y puede tener una polinización cruzada.

La pecoreadora puede evitar la visita a flores que poco antes fueron visitadas por otras abejas, al captar el olor del visitante anterior que todavía permanece sobre la flor.

ambiente externo de pecoreando

Las larvas atraen a las obreras

La abeja nodriza, situada sobre el nido de cría, se siente atraída por sustancias segregadas por las larvas no operculadas, por lo que regurgitan el alimento en la celdilla para verse recompensadas con la secreción de la larva.

Las que son más sensibles al olor emitido por la cría, son las abejas jóvenes, cuyo estado fisiológico les lleva a producir abundantemente jalea real, por lo cual el alimento de la cría de los primeros tres días tiene esta base.

La feromona real

La abeja reina segrega una sustancia especial con sus glándulas mandibulares, la feromona real, que se esparce por todo el cuerpo de la misma y que atrae a las abejas, sobre todo a las jóvenes, produciendo una cohesión en torno a ella.

Esta atracción se debe a la percepción por parte de las obreras y los machos de una mezcla de ácidos volátiles, que inducen a que la busquen y formen una corte real.

Atracción y control de la reina

Para obtener esta feromona lamen su boca y regurgitan en ella su especial secreción de jalea real, con la que se alimenta. También lamen su abdomen, adquiriendo de esta manera una porción de tan apreciada feromona.

Cuando dos abejas se encuentran, se tocan con las antenas e intercambian parte del contenido de su buche tanto azúcar como parte de la feromona, en un comportamiento que se denomina trofalaxia, de esta manera se transmiten y difunden por todo el conjunto de abeja.

Estas sustancias llevan información química al resto de sus congéneres, interactuado en la actividad vital de las mismas.

reina y sus nodrizas

Feromona real como control

Funciona inhibiendo el desarrollo de los ovarios de las obreras, impidiendo que estas pongan huevos. Regulando el tipo y tamaño de las celdillas que deben de construir las abejas cereras.

Cuando la reina es joven y produce mucha feromona, esta influye en las abejas cereras inhibiendo la construcción de celdas reales.

De esta manera, cuando la reina envejece, su producción de feromona disminuye, por lo que la concentración de la misma en los elementos de la colonia baja.

Las abejas cereras

Al recibir menos feromona desaparece su inhibición de construcción de celdas reales, esto da la orden de fabricación de reina de repuesto, preparándose la colmena para la enjambrazón con la transformación de unas cuantas larvas en princesas.

A este resultado se llega también cuando, aunque la reina sea joven existe una población de abejas muy elevada, y por lo tanto con poca cantidad de feromona en su linfa.

Es muy importante en la reproducción, ya que en el vuelo nupcial, los enjambres de machos son capaces de encontrar y perseguir a la reina gracias a su olor característico.

La mecanorrecepción

La reacción al tacto o a la presión externa es probablemente, junto con el olfato, uno de los sentidos más primitivos de todos.

En los insectos adultos, en comparación con las larvas de cuerpo blando, toda la superficie del cuerpo es poco sensible a la presión debido a la dureza de su cubierta externa (tienen el cuerpo esclerotizado).

Por eso poseen numerosos pelos provistos de nervios que actúan como órgano del tacto.

Las antenas son una de las estructuras más importantes para la comunicación de las abejas, ya que en ellas, además del sentido del olfato, se encuentran los sensilios tricoideos que actúan como órganos mecano, receptores.

Debidamente estimulados por otras abejas intervienen, entre otros, en el desencadenamiento del intercambio de comida llamado trofalaxia, y también en la comunicación de la localización de alimento.

Comunicando con el baile donde encontrar alimentos

Cuando una abeja pecoreadora vuelve a la colmena ejecuta diferentes bailes para indicar la distancia y orientación de la fuente de alimento.

Estos bailes excitan al resto de las abejas quienes siguen sus movimientos con sus antenas puestas sobre o cerca de ella, ya que, dentro de la colmena el olfato y el tacto son la única forma de comunicación.

Un mundo sensorial

Al observar el baile de una de ellas suponemos que las abejas que la rodean pueden ver el dibujo del baile tal y como nosotros lo vemos. En cambio sería más acertado decir que no lo ven sino que lo “sienten”.

El cuerpo de las abejas está recubierto de sedas o pelos sensitivos que, además de darles un tapiz velloso que les permite el transporte de los granos de polen

Con estos diminutos pelillos perciben estímulos mecánicos procedentes tanto por el contacto directo como por diferentes vibraciones.

Sedas sensitivas

El roce de estos pelos o sedas generan sensaciones que desencadenan respuestas, muy importantes en la comunicación, ya que en el interior de la colmena reina la oscuridad.

Estas sedas sensitivas se encuentran distribuidas en áreas, ubicadas entre las articulaciones de las diferentes partes del cuerpo, por ejemplo entre la cabeza y el tórax, de manera que el movimiento de estas partes genera la estimulación de las sedas sensitivas.

Así pueden saber su posición horizontal vertical o inclinada. Estas áreas de sedas occipitales también intervienen en la regulación de la construcción de las celdillas, su forma y tamaño

Cómo calculan el tiempo

En la base de las antenas se sitúan unos órganos sensitivos llamados órgano de Jhonston, capaces de medir la velocidad de flujo de aire que durante el vuelo los estimula. Gracias a ellos, las abejas pueden saber el tiempo de vuelo y la distancia recorrida.

También pueden calcular la distancia a la colmena y el tiempo transcurrido según la cantidad de azúcar consumida.

Cómo oyen las abejas su ambiente?

La abeja melífera no poseen ningún órgano auditor conocido. No oyen, pero si son sensibles a las vibraciones producidas por los sonidos.

Estas son captadas por determinadas sedas sensibles. Las reinas emiten silbidos atemorizantes para intimidar a las futuras usurpadoras.

Sonidos de baja frecuencia

Durante el baile hace una serie de emisiones de sonidos a baja frecuencia que son inaudibles para el oído humano. El número de emisiones está en correlación con la distancia a la fuente de alimentación.

La termo recepción

La abeja es poiquiloterma, es decir: su temperatura depende del medio exterior, la alimentación o el bolo invernal. Gracias al desarrollo de la vida social, han logrado un mecanismo de control de la misma en el interior de la colmena.

El enjambre durante el invierno no entrará en letargo, sino que se mantendrá activo. A menos de 10º C una abeja aislada se inactiva y pierde la capacidad de volar y a 7º C se queda totalmente inmóvil, siendo esta su temperatura crítica.

Regulación de la temperatura:

La abeja joven se paralizan antes que la pecoreadora cuando desciende la temperatura. Los machos y la reina son más sensibles y necesitan temperaturas superiores para mostrar actividad.

El huevo y la cría muestran límites más estrechos fijados entre los 32 y 36º C, siendo el óptimo para su desarrollo los 34,8 °C.

Cómo controlan la temperatura

La abeja melífera es sensible a los cambios de temperatura, sin embargo, considerando el conjunto de la colonia como superorganismo, puede mantener una cierta independencia térmica del ambiente.

  • Primero, por la estructura propia de la colmena, cerrada y con una serie de cámaras de aire internas que permiten el aislamiento.
  • Segundo, por la naturaleza química de la cera, altamente aislante.
  • Tercero, las abejas son capaces de detectar la temperatura reinante en el medio y de actuar de forma coordinada para mantener la temperatura del nido en unos límites óptimos para el desarrollo de la cría.

Los termorreceptores de la abeja se localizan en los cinco segmentos terminales de las antenas principalmente (aunque no los únicos, pues la amputación experimental de las mismas no impiden la termorregulación total).

Calentar la colmena en invierno

La abeja presentan un cuerpo de muy pequeño volumen y gran superficie específica, por lo que la pérdida de calor es muy elevada, no se compensa con la tasa metabólica

En invierno obtiene calor metabólico por consumo de miel, haciendo que sus músculos torácicos mantengan la misma actividad que en el vuelo, aunque las alas permanezcan inmóviles.

Para evitar la pérdida del calor por disipación del mismo por la superficie, las abejas se apiñan formando bolas reduciendo así la superficie de enfriamiento.

El bolo en un ambiente invernal

Formado a principio de otoño, se ubica en la parte inferior de la colmena, ocupando la zona de celdas vacías que ha albergado la cría.

Las provisiones de miel están en la parte superior. En invierno la bola se mueve hacia arriba y hacia el fondo buscando la miel operculada.

Presenta dos zonas, una periférica de abejas apiñadas entre sí, y otra central, donde está la reina. Esta última ofrece espacio y les permite el movimiento.

Regulando el calor

Cuando la temperatura ambiente externa disminuye, el racimo se contrae, aumentando la temperatura del núcleo desde donde se transmite rápidamente el calor a la periferia.

Un mayor contacto entre las abejas a causa de la contracción consiguiendo el suficiente calor para que la temperatura exterior sea al menos de 7º C.

La contracción y expansión de la bola es el principal mecanismo de termorregulación que funcionará mientras mantenga un contacto firme con las reservas de alimentos.

La importancia de equilibrar las colmenas

Los racimos pequeños son más vulnerables a las bajas temperatura ambiente que los grandes, de allí, la importancia de una buena población para la invernada.

Además paradójicamente una colmena densamente poblada consume menos alimento que una colonia débil.

La norma práctica es no molestar por ningún motivo a la colonia cuando la temperatura ambiente es baja, pues se corre el peligro de romper la homeostática del bolo invernal.

apicultor revisando un marco en una plantación de girasoles

Enfriar un caluroso ambiente en verano

Rebajar la temperatura ambiente resulta más complejo para la abeja. Así cuando en la zona de cría se superan los 36º C, las abejas se colocan de forma que con el movimiento de las alas, ventilan y rebajan su temperatura.

Se alinean una tras otra a la entrada de la piquera y baten sus alas creando corrientes de aire fresco. Las corrientes aceleran también la evaporación del exceso de humedad de la miel sin madurar depositada en celdas abiertas.

También salen de la colmena una gran cantidad de abejas, quedándose pegadas a la piquera y colgando de la misma, a lo que se llama hacer la “barba”.

Agua y alas para enfriar el ambiente interior

Cuando la temperatura es excesiva y no baja lo suficiente con estos dos mecanismos, las abejas traen agua que esparcen o evaporan directamente de su lengua, consiguiendo así la disminución de la temperatura ambiente del interior de la colmena.

Si se eleva en el nido de cría, eliminan el agua del néctar contenido en su buche, pero al necesitar más agua, demandan por trofalaxia el contenido del buche de las abejas periféricas, para evaporar su agua.

De esta manera, las pecoreadoras que traigan el néctar más diluido serán, en este caso seleccionadas en esta demanda.

Tiene importancia en la actividad de las pecoreadoras, el tiempo que tardan las abejas almaceneras en recoger el néctar o el agua que las pecoreadoras aportan a la colmena.

Cuando llega una pecoreadora es rápidamente aligerada de su carga y más rápidamente sale a buscar nueva carga. Ver Más aquí

El transporte de agua para la colmena

El agua es necesaria, no solo para la termorregulación ambiente, sino también para la preparación por las nodrizas de la papilla de polen y néctar con el que alimentan a las larvas de más de tres días (el pan de abeja).

Con un tiempo de entrega de 60 segundos, la recogida sigue siendo activa; por encima de este tiempo la actividad desciende y en tiempos superiores a los 3 minutos la recogida prácticamente cesa, indicando que ya no es necesario el aporte de agua.

La termorregulación. Como temperar el ambiente

La capacidad de regular la temperatura ambiente de la colmena es muy importante a la hora de la supervivencia. En verano, aunque la temperatura exterior sea superior a 40º C, el centro de la colmena se mantiene entre 34 y 35º C y en invierno con temperaturas exteriores de -20º C, en el interior no baja de 20º C.

Conducta higiénica

En la antena de la abeja se encuentra una multitud de estructuras sensoriales muy importantes en el comportamiento y comunicación. Quimiorreceptores, mecanorreceptores y termorreceptores.

Mantener las antenas siempre limpias es primordial. Para ello, el primer par de patas, además de servir para la recogida de polen, la limpieza de los ojos y lengua, dispone de una estructura muy particular.

El limpiador de antenas

Se encuentra justo debajo de la articulación tibia-tarso y consiste en una escotadura semicircular provista internamente de un peine de pelos que se cierra con una pieza articulada, dejando un agujero del tamaño de la antena.

Cómo mantener los sentidos a punto

La abeja melífera desarrolló evolutivamente un comportamiento de movimiento continuo denominado patrullaje. Perciben continuamente todo el ambiente de la colmena, captando las alteraciones del medio y respondiendo a los mismos.

Probablemente todos los medios de comunicación se encuentran activos simultáneamente. La abeja que baila genera señales químicas, de sonido, de tacto y posiblemente eléctricas que son recibidas e integradas al sistema nervioso de las abejas receptoras.

6 respuestas
  1. Buenos días, desde Coyutla Ver., México. ¿Hay una posibilidad de que las antenas de comunicaciones, en éste caso la más reciente, 5G, alteren alguno de los sentidos de la abeja? magnetorecepción por ejemplo. Gracias.

    1. Se están desarrollando estudios y harán falta algunos años más para tener un certeza científica sobre los daños de las emisiones 5G sobre los insectos. Estaremos atentos. Gracias por tu comentario.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

No te lo pierdas...
Suscríbete al boletín mensual para no perderte las novedades en nuestro blog y en la agenda de eventos
Cursos de Apicultura
Ayuda a que haya más polinizadores
Próximos eventos

blank