Buz, Buz, Bzz …Historia de las abejas

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Pintura rupestre de BicorpQuiero “zumbaros” un poco más en los oídos sobre el tema de las abejas, empezando otra vez con algo de historia:

La abeja es uno de los pocos insectos que después de descansar durante el invierno se levanta para una “resurrección y nueva vida” en primavera. En la antigüedad la veían como un símbolo de inmortalidad y resurrección.

Así en Egipto servían como tótem de los faraones, por lo que se encuentran representadas en las estatuas de algunos faraones, en dibujos en las paredes y epitafios sobre ellas.

Para que los faraones lo pasasen igual de bien y de delicioso en su vida después de la muerte, “lógicamente” se dejaba miel como regalo en las tumbas- y lo más increíble es que se conservó en los frascos herméticos ¡miles de años!

geoglifo de abeja

Miel fresca después de miles de años

Cuando los exploradores la encontraron, la miel se conservaba absolutamente “fresca” y ¡comestible! Además la miel en la antigüedad era un conservante importante para embalsamar a los muertos

por ejemplo, el cuerpo sin vida de Alejandro Magno fue embalsamado con miel y enviado a Egipto, según la tradición, para un funeral en una pirámide y a partir de ahí se pierde su pista,  ya que nunca se encontró el lugar donde lo enterraron… pero eso ya es otra historia…

papiro

Historia de las abejas

Pero en los senderos históricos de las abejas no es necesario mirar tan lejos: en la provincia de Valencia, en las Cuevas de la Araña, se encuentra uno de los primeros gráficos de la historia del ser humano (entre 10.000 y 6000 a.C.)

demuestra la relación entre las abejas y los humanos: en la imagen podemos ver a una figura humana, situada en el extremo de unas cuerdas extrayendo la miel de un panal situado en un pequeño orificio de la roca.

Algunas abejas se mueven a su alrededor. Esta pieza de arte tan bella, que nos hace pensar en algunas obras de artistas contemporáneos, representa la primera imagen de la recolección de miel.

Pruebas escritas

Hay muchas más pruebas escritas o también piezas de arte, como por ejemplo, este fresco prehistórico, que demuestran que la abeja, sus productos y su gran trabajo imprescindible ya eran conocidos y deseados desde tiempos inmemoriales- porque no es solamente la miel lo que nos importa a los seres humanos.

En primer lugar es la polinización, un trabajo indispensable al que se dedican, y que sin ella perderíamos la base de nuestra vida.

Alguien dirá: “a mí no me importan las abejas porque no me gusta la miel” esta es una de las frases más tontas que alguien puede decir. Como respuesta, a lo mejor podríamos decir: “Vale, pero vivir sí que te importa, ¿o no?”

Miel y polinización

Hay una frase atribuida a Einstein: “Si la abeja desapareciera del planeta al hombre solo le quedarían ¡4 años de vida!” (realmente esta frase no es de Einstein) ¿Cómo sería el proceso entonces?, Falta de abejas – falta de polinización – desaparecen las plantas- desaparecen los animales, – muere el ser humano.

En realidad no importa si esta frase es realmente de Einstein  o no: si se despide la abeja, nuestra perspectiva y la del planeta tierra no será buena. Claro que también hay abejas silvestres y abejorros que polinizan, pero no tantos como abejas, que nos hacen compañía desde hace ya miles y miles de años.

Pero volvamos a la realidad: en la cultura occidental le hemos prestado muy poca atención a la abeja durante los últimos siglos. Ella siempre ha estado trabajando para nosotros, y nosotros cosechando el fruto de su esfuerzo sin preocuparnos de ella y de su bienestar.

El progreso a costa de la naturaleza

Todos estamos demasiado ocupados con el llamado “progreso” de la humanidad que en primer lugar significaba una explotación máxima del ser humano, de los animales y de cualquier recurso que la tierra nos ofrece.

Todo esto al final desembocaba en la tan deseada industrialización, de la cual esperábamos una facilitación y un  alivio en el trabajo y en la vida en general

Más progreso…

Crecimiento económico, menos tiempo para contemplar y menos consideración y respeto por la naturaleza, falta de ocio para mirarla, disfrutarla, honrarla y protegerla…

¿A quién le quedaba tiempo para fijarse en estos pequeños seres que casi imperceptiblemente van desapareciendo?

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